Ejemplos ?
Yo soy argo pariente der cura; mejor dicho, de una parienta der cura..., la Olores, la hija mayor de los Amargosos, una jembra que de un estornúo parte un ladrillo y comba un plato...; pero mujer de bien, eso sí, mu mujer de bien, y aparte de unos belenes que tuvo con Perico el del Borge y con los Panchos e Granaíllo, no se le conoce na no limpio en sus jarapos.
-Pos sá menester -dijo Cayetano después de oír al Caracolo -meternos más aentro jasta el anochecer que salgamos pa Jimera- y después, dirigiéndose al ventero, continuó: -¿Y han dicho argo esos armas mías de mi primo Joseíto?
-Pos eso es verdá, y eso lo sé yo de mu güena, pero que de mu güena tinta. -¿Y sabes tú argo de eso que icen que er Caravaca ha mercao y le ha regalao a la Olores el lagarillo en que vive?
-Esto lo que está pidiendo a voces es que tú le pías perdón a tu Rosalía por tus partiítas serranas, y que pa festejar la casi boa, te largues ahora mismito a ca der Toneles y te traigas una miajita de argo con que nos durcifiquemos er garnate.
-Que un divé sus bendiga, caballeros. ¿Queréis argo pa el sitio aonde van a parar toítos los niños llorones? -preguntó en aquel momento desde el umbral el señor Cayetano el Ortigosa.
Y si Amparo dijera argo tú te pones en tu sitio; pero no creo que sea menester, porque yo he platicao con Amparo y yo la he visto tan contenta arreglándote la ropa y como si la cosa se le importara un comino.
Vusotros, los que vais drento del bicho que juyendo retumba y traquetea, ¿no sentís al pasá junto por junto al mesmo corazón de nuestras tierras argo asín com'argún juerte deseo que s'eschanguen del chisme toas las rueas pa queäros aquí, junt'a nusotros, pa endurzá una mijina nuestras penas, pa rumiá nuestro pan y p'ampaparos en la sal del süor que nus chorrea?
Celipillo, tú tiés argo, tú no pués engañame, o el amo te miró con mala cara, o bajó el manijero los jornales; pero tú tienes argo, Celipillo, argo que yo no pueo devinate por más que me caliento la mollera rebuscando el porqué de tus pesares.
-Por argo hice yo que me prometiera Dolores pagarme daños y perjuicios -exclamaba momentos después la Lechuguina contemplando con filosófica resignación el cántaro hecho pedazos, mientras, corrido y maldiciente, alejábase don Paco coreado por la mal disimulada rechifla de los vecinos, que en el arroyo de la calle comentaban en pintorescas agrupaciones, de modo chispeante y graciosísimo, la corrida en pelo que acababa de sufrir uno de los más caracterizados injertos de chulo y de marqués de los barrios de Andalucía.
Dolores, que no tenía seguramente mal corazón, tornó a ocultar el pie bajo la falda, y continuó: -Pos sí, esta noche hay una miajita de argo en ca de la Tururú en celebración de su empalme con Joseíto el Azúcar.
-Voy poique siempre que voy er cura me da argo pa que me vaya pronto der pueblo, poique como siempre que voy me esmejoro, er cura, que me estima bien, me ice que aquel clima me sienta mal, y lo que pasa, como el hombre tiée güen fondo, pos me alivia...
Yo tamién tengo un pariente que es cura, y lo del parentesco es por condurto de una sobrina suya que es tamién argo parienta mía, y pasa to lo contrario: siempre el hombre está a güertas con que me quée en er pueblo sin más obligación que jacer to lo que él y la parienta me manden.