Apis

Apis (Haī)

 
mit. Divinidad egipcia representada por un buey negro con una mancha blanca en forma de media luna en la frente.
Ejemplos ?
y lamentos semejantes a cantos fúnebres; viva me honro con mis gemidos. Séme propicia, tierra montañosa de Apis. ¿Entiendes bien, oh tierra, mi acento bárbaro?
Vientos inciertos, ¿hacia dónde nos llevará esta ola? Séme propicia, tierra montañosa de Apis. ¿Entiendes bien, oh tierra, mi acento bárbaro?
Para que nada faltase, había teatros con decoraciones de palacios y jardines, y cómicos en actitud de soltar el latiguillo; había sacerdotes con sábana blanca y sombreros deformes, bueyes de la ganadería de Apis, pitos adornados con flores del Loto, sacerdotisas en paños menores, y militares guapísimos con armaduras, capacetes, cruces y calvarios, y cuantos chirimbolos ofensivos y defensivos ha inventado para recreo de grandes, medianos y pequeños, el arte militar de todos los siglos.
Isis, que habitas Paretonio y las feraces tierras de Canopo, con Menfis y Faros ceñida de palmeras, y las llanuras en que el rápido Nilo abandona su vasto lecho y por siete bocas tributa sus aguas al mar, te ruego por tu sistro y por la veneranda cabeza de Anubis, y así el pío Osiris acepte siempre gozoso tus sacrificios, la serpiente aletargada se deslice con lentitud en torno de las ofrendas, y Apis, con sus cuernos de oro, acompañe tu pompa, que vuelvas a esta parte tus miradas, y con la salvación de Corina salves a dos, pues tú darás a ella la vida y ella a mí.
Es suficiente, me parece, que sea demostrado por las Sagradas Escrituras que, a pesar del castigo extraordinario que atrajo sobre los judíos el culto a Apis, conservaron durante mucho tiempo una libertad completa e incluso tal vez la matan­za que hizo Moisés de veintitrés mil hombres a causa del bece­rro erigido por su hermano le hizo comprender que nada se gana con el rigor y se vio obligado a cerrar los ojos sobre la incli­nación del pueblo hacia los dioses extranjeros.
Y la razón por que, después de muerto, no se llamó Apis, sino Serapis, la da bien obvia Varrón, pues como el arca o ataúd, dice, en que se coloca al difunto que al presente todos llaman sarcófago, se dice soros en griego, y cómo principiaron entonces a reverenciar en ella a Apis antes que le hubiesen dedicado templo, se dijo primero Sorsapis o Sorapis, y después, mudando una letra, como acontece, Serapis.
El buey que con tan particular ilusión y engaño criaba Egipto el honor suyo con tan copiosos regalos, le llamaban Apis, y no Serapis, porque sin el sarcófago o sepultura le reverenciaban vivo, y cuando muerto este buey, buscaban y hallaban algún novillo de su mismo color, esto es, señalado también con manchas blancas, lo tenían por singular portento enviado del cielo.
Quién reinaba en Argos y Asiria cuando murió Jacob en Egipto Apis, rey, no de los egipcios, sino de los argivos, murió en Egipto, sucediéndole en el reino su hijo Argo, de cuyo nombre se apellidaron los argos, y de aquí los argivos; pues en tiempo de los reyes pasados, ni la ciudad ni aquella nación se denominaban así.
¿Qué será de nosotras? ¿Adónde huiremos en este país de Apis, si es que hay en algún lugar un escondrijo sombrío? ¡Ojalá me transformara en un negro humo vecino de las negras nubes de Zeus y desapareciendo del todo, como polvo en vuelo sin alas, muriese!
De Apis, rey de los argivos, a quien los egipcios llamaron Serapis, y le veneraron como a Dios Por estos tiempos, Apis rey de los argivos, habiendo navegando a Egipto y muerto allí, le constituyeron aquellas gentes ilusas por uno de los mayores dioses de Egipto.
De los tiempos de Jacob y de su hijo José Reinando en Asiria Baleo, su rey décimo; en Sicionia Mesapo, rey nono, a quien algunos llaman también Fefisos, si es que un hombre solo tuvo dos nombres (siendo más verosímil que tomaron un hombre por otro los que sus escritos pusieron otro nombre), y reinando Apis, tercer rey de los argivos, murió Isaac, de ciento y ochenta años, y dejó sus dos gemelos de ciento y veinte.
Pues Apis, procedente del otro lado del golfo de Naupacto, profeta hijo de Apolo, limpia este país de monstruos homicidas, azote que la Tierra, infec­tada por las manchas de antiguas sangres, en su ira soltó, ser­pientes pululantes, funesta compañía.