Ejemplos ?
Pasó aquella noche y aumentó la calentura y aumentó el letargo; y Antonieta, que así se llamaba la madre, no se movió del lado de la cama ni dejó de rezar.
La llama lívida temblaba en el ancho zaguán, y al incierto resplandor columbrábase la cabeza del fraile, también temblona. Una sombra se acercó: Era la doncella de María Antonieta: el fraile hízole entrega de la luz y me llevó a un rincón.
Poco antes de amanecer, la misma voz volvió a resonar en los oídos de la madre y la dijo: -Otra noche perdida. Antonieta no contestó: siguió rezando.
Te prometo hacértelos conocer, y entonces, aunque hayas jodido como Antonieta, me encargo de hacerte tan virgen como el día en que viniste al mundo.
Habían terminado por ensayar con éxito la indiferencia porque mientras más se afligían con estos incidentes, más se repetían. -«¡Madrecita!, -gritaba una- ¡mire cómo la Antonieta se está empapando en el patio!».
asiste por el Ministerio Público Fiscal el Doctor Hernán Schapiro, en su carácter de Secretario en la Unidad especial creada por la Procuración General de La Nación a los fines de intervenir en estos casos, por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata comparece la Doctora Alicia Peralta y por la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo el Doctor Emanuel Lovelli, y por el Ministerio Público Pupilar, el Señor Defensor Público Oficial ad hoc, Doctor Jorge Cozzi, actuando como Secretaria la Doctora María Antonieta Pérez Galimberti.
María Antonieta era una enferma de aquel mal que los antiguos llamaban mal sagrado, y como tenía alma de santa y sangre de cortesana, algunas veces en invierno, renegaba del amor: La pobre pertenecía a esa raza de mujeres admirables, que cuando llegan a viejas edifican con el recogimiento de su vida y con la vaga leyenda de los antiguos pecados.
Juan Díaz Peralta, Carlos Falquez Batallas, RECTOR DEL COLEGIO; Pilar Saldaña, Piedad Ordóñez Jara-millo, Francia Maldonado, Ana Ramón de Serrano, Antonieta Fajardo de Ugarte, Teresa Salvador de Hidalgo, Gloria Orellana de Encalada y Marcia Mosquera Ramón.
De pronto los ojos de la Reina se iluminaron con amorosa alegría: era que entraban sus dos hijos mayores, conducidos por María Antonieta.
Tuve el honor de asistir a la tertulia de la Señora. Durante ella, en vano fué buscar una ocasión propicia para hablar a solas con María Antonieta.
La madre miró, y vio un ser invisible llamado miasma, horroroso, que corrompía la sangre de Conchita. Antonieta lanzó un grito de espanto.
María Antonieta acababa de llegar, y hallábase sentada al pie de un brasero con las manos en cruz y el cabello despeinado por la humedad de la niebla.