Anquises

Anquises (Anchisēs)

 
mit. Príncipe troyano, hijo de Capis. Fue amado por Venus, de quien tuvo a Eneas.
Ejemplos ?
Que no se prueba que los dioses castigaron el adulterio de Paris, pues en la madre de Rómulo le dejaron sin castigo Pero si pudo Venus con Anquises parir a Eneas, o Marte de la unión con la hija de Numitor engendrar a Rómulo, dejémoslo por ahora, porque casi otra semejante cuestión se origina igualmente de nuestras Escrituras, cuando se pregunta si los ángeles prevaricadores se juntaron con las hijas de los hombres, de donde nacieron unos gigantes, esto es, unos hombres de estatura elevada y fuertes, con que se pobló entonces la tierra.
;Aquí, Boscán, donde del buen troyano Aquí, Boscán, donde del buen troyano Anquises con eterno nombre y vida conserva la ceniza el Mantüano, debajo de la seña esclarecida de César africano nos hallamos la vencedora gente recogida: diversos en estudio, que unos vamos muriendo por coger de la fatiga el fruto que con el sudor sembramos; otros (que hacen la virtud amiga y premio de sus obras y así quieren que la gente lo piense y que lo diga) destotros en lo público difieren, y en lo secreto sabe Dios en cuánto se contradicen en lo que profieren.
Entonces el piadoso Anquises: “Oh de Febo el sacerdote elegido, 640 ¿me engaño o también un hijo cuando por primera vez estas murallas vi, y dos parejas de hijas, en cuanto recuerdo, tenías?” A él Anio sus sienes, de níveas vendas circundadas, golpeándolas, y triste, dice: “No te engañas, héroe máximo.
Cuantas veces la noche cubre la tierra con sus húmedas sombras, cuantas veces se levantan los encendidos astros, la pálida imagen de mi padre Anquises me amonesta en sueños y me llena de pavor, y pienso en el niño Ascanio, en ese hijo querido, a quien estoy privando injustamente del reino de Hesperia y de los campos que le reservan los hados.
El lleva una angustia dentro y un poco atemorizante que lo convierte en miedoso, como dice nuestro Virgilio: (son palabras dichas por Eneas, al escapar del incendio de Troya, juntamente con Anquises?
y pues con mi cristal no tienen precio los que redundan del egipcio Nilo, estima mi deidad, y esta grandeza halle cabida en tu mayor belleza 18 que bien Endimión pudo villano y entre las selvas rústico vaquero, merecer de su amor gozar temprano, como sus brazos al primer lucero; que la luna, al mirarle tan lozano, no se curó del hábito grosero, antes de Latmia en la brefiosa cumbre mezcló con su sayal su blanca lumbre. 19 ¿Pues qué diré del ganadero Anquises?
Resuenan en tanto por la ciudad confusos y tristes lamentos, y aunque la morada de mi padre Anquises estaba en lugar retirado y cubierta de árboles, cada vez las voces iban llegando a ella más penetrantes y se oía mejor el horroroso estrépito de las armas.
Les sigue el rey y da de regalo a los que iban a marchar, a Anquises un cetro, una clámide y una aljaba a su nieto, 680 una cratera a Eneas que otrora le había trasladado a él, como su huésped, desde las orillas aonias, Terses el Ismenio.
También yo soy del linaje del supremo Jove." Así clamaba Eneas, abrazado al altar, y así le contestó la Sibila: Descendiente de la sangre de los dioses, troyano, hijo de Anquises, fácil es la bajada al Averno; día y noche está abierta la puerta del negro Dite; pero retroceder y restituirse a las auras de la tierra, esto es o arduo, esto es o difícil; pocos, y del linaje de los dioses, a quienes fue Júpiter propicio, o a quienes una ardiente virtud remontó a los astros, pudieron lograrlo.
Reúno, pues, toda mi gente: empezaba entonces apenas el verano, y como ya mi padre Anquises disponía que diésemos la vela a la aventura, abandoné, en fin, llorando, las costas y los puertos de la patria y los campos donde fue Troya; desterrado, surco el hondo mar con mis compañeros, mi hijo, mis penates y nuestros grandes dioses.
Recibe mi fe y dame la tuya; conmigo traigo gente esforzada para la guerra, ánimos valerosos y una juventud probada en la desgracia." Mientras esto decía Eneas, contemplaba Evandro con viva atención sus ojos, su rostro, todo su cuerpo; en seguida le responde estas breves palabras: "¡Con cuánto placer, oh el más fuerte de los Teucros, te recibo y te reconozco! ¡Cómo me recuerdas el acento, la expresión, el semblante de tu padre, el grande Anquises!
Yo no juré en la Áulide con los Griegos el exterminio de la nación troyana, ni envié una armada contra Pérgamo, ni arranqué de su sepulcro la cenizas y los manes de su padre Anquises; ¿por qué cierra el oído desapiadado a mis palabras?