Ejemplos ?
En la primavera de 1344, Ramón Berenguer, segundo conde de Ampurias de la segunda dinastía, se sublevó contra el rey de Aragón, Pedro IV.
Comienzo de la Segunda Guerra Púnica. Desembarco de los romanos al mando de Cneo Escipión en Ampurias. Primeras operaciones de la Segunda Guerra Púnica en la Península.
Éste pudo conservar el condado gracias a la ayuda de Hugo III de Ampurias (1154-1175), favorable, en contra de la opinión de Hugo I, al entendimiento con la dinastía del Rosellón.
En los círculos políticos roselloneses, ante la extinción del linaje condal parece que se juzgó más conveniente unirse al dominio real aragonés, cuyos monarcas eran descendientes directos de Wifredo el Velloso, en lugar de considerar los derechos de Hugo III de Ampurias sobre el Rosellón, por la descendencia de las dinastías condales ampurdana y rosellonesa de un tronco común: el de los antiguos condes de Ampurias-Rosellón de los siglos IX y X.
Suñer II (862-915), Gausberto (915-931) y Gausfredo I (931-991), a la muerte del cual, sus hijos, Hugo I de Ampurias (991-1040) y Guislaberto I de Rosellón (991-1014), se habían repartido el dominio reconociéndose, sin embargo ciertos derechos comunes sobre la totalidad del antiguo patrimonio.
Nombrados por los reyes francos: Gaucelmo (812-832) Berenguer de Tolosa (832-835) Bernardo de Septimania (835-844) Suniario I de Ampurias (844-848) Guillermo II de Tolosa (848-850) Alerán (850-852) Odalrico (852-857) Hunifredo (857-863) Bernardo de Gothia (863-878) Miró el Viejo (878-895) Condes de Ampurias y Rosellón: Suniario II de Ampurias (895-915) Benció (915-916) Gausberto (915-931) Gausfredo I (931-991) Condes del Rosellón: Guislaberto I (991-1014) Gausfredo II (1014-1074) Guislaberto II (1074-1102) Gerardo I (1102-1113) Gausfredo III (1113-1164) Gerardo II (1164-1172) Condes del Rosellón y la Cerdaña: Sancho de Rosellón-Cerdaña (1209-1223) Nuño Sánchez (1223-1242) Rosellón
La división en 991 fue irreversible y los condados de Ampurias y Rosellón no volvieron a tener un condado común. El conde Guislaberto del Rosellón, trasladó su residencia condal desde Castellrosellón hasta una villa llamada Perpiñán, la cual inició un ascenso continuado hasta acabar convertida en la capital del Rosellón, en detrimento de Elna, la sede episcopal rosellonesa.
A Guasfredo II le sucedió su hijo Guislaberto II (1074-1102) que pactó con el conde de Ampurias sobre los derechos respectivos acerca de las posesiones militares y eclesiásticas.
Durante la época del conde Gausfredo III (1113-1164) en el Rosellón hubo períodos muy turbulentos a causa de los ataques de los piratas sarracenos, y a las malas relaciones mantenidas con el conde Hugo I de Ampurias (1116-1154) motivadas por sus ambiciones territoriales sobre el Rosellón.
Del co-gobierno dispuesto por Gausfredo sólo quedaron unas determinadas cláusulas pactadas entre ambos herederos: el derecho a asistir a los juicios y pleitos celebrados en cualquiera de los dos condados, repartiéndose los derechos percibidos de justicia; permitir que el conde del Rosellón permaneciera en Ampurias, la antigua capital, cobrándole todos los censos y usos del lugar, o que Hugo y Guislaberto pudiesen poseer dominios en el territorio del otro.
Dentro del conjunto formado por Ampurias y el Rosellón, el núcleo político perteneció siempre a la parte ampurdana; los condes de Ampurias y Rosellón residían en la ciudad de Ampurias hasta que, a causa de la presión de los piratas normandos y árabes, el conde Gausfredo I estableció la residencia condal en Castellón de Ampurias.
En esta situación de crisis terminal del imperio carolingio, a la muerte de Miró el Viejo (895), el condado pasó a su primo hermano Suñer II de Ampurias, sin que en ello interviniera para nada el poder real.