Amarilis

Amarilis

 
lit. Pastora de una de las Églogas de Virgilio, cuyo nombre usaron algunos escritores españoles del Siglo de Oro.
Traducciones

Amarilis

amarilli

Amarilis

SFAmaryllis
Ejemplos ?
Amo sobre todas a Filis, porque lloró cuando me partí, y en un largo adiós: "¡Adiós -me dijo-, gentil Menalcas!" DAMETAS Terribles son el lobo para los rediles, los aguaceros para las mieses maduras, los vendavales para los árboles y para mí el enojo de Amarilis.
Yo vi al toro en el celo, y bramaba como picado del tábano; yo vi al macho enamorado de la cabra, y por todas partes la seguía. Yo mismo, cuando mozo, amaba a Amarilis, y ni me acordaba de la comida, ni tornaba de beber, ni me entregaba al sueño.
Yo mismo cogeré para ti membrillos cubiertos de blando vello y castañas, a que era tan aficionada mi Amarilis, y a ellas añadiré doradas ciruelas, que también te gustarán.
¿Pediremos a las Ninfas que nos protejan? En vano pidió Filetas protección a Pan cuando su amor con Amarilis. Tomemos los remedios de que él hablaba: besos y abrazos y acostarse juntos desnudos.
¿Quién habría esparcido por la tierra floridas hierbas o cubierto las fuentes con verdes sombras? ¿Quién habría compuesto estos versos, que poco ha te robé sin que me sintieses cuando te ibas a ver a Amarilis, nuestro encanto?
Ata, Amarilis, con tres nudos estos lienzos de tres colores; átalos pronto, Amarilis, y di: "Atando estoy los lazos de Venus." Traed de la ciudad a casa, conjuros míos, traed a Dafnis.
Me dolía el alma, me daba brincos el corazón y mi cuerpo languidecía; ya gritaba como si me azotasen; ya callaba como muerto; a veces me arrojaba al río para apagar el fuego en que me quemaba; a veces pedía socorro a Pan, porque amó a Pitis; elogiaba a Eco, porque después de mí llamaba a Amarilis, o rompía mi flauta, porque atraía a las vacas, y a mí Amarilis no la atraía.
TÍTIRO La libertad, que, aunque tardía, al cabo tendió la vista a mi indolencia cuando ya al cortarla caía mas blanca mi barba; me miró, digo, y vino tras largo tiempo, ahora que Amarilis es mi dueña y que me ha abandonado Galatea; porque, te lo confieso, mientras serví a Galatea ni tenía esperanza de libertad ni cuidaba de mi hacienda, y aunque de mis ganados salían muchas víctimas para los sacrificios y me daban muchos pingües quesos, que llevaba a vender a la ingrata ciudad, nunca volvía a mi choza con la diestra cargada de dinero.
MELIBEO Me admiraba, ¡Amarilis!, de que tan triste invocases a los dioses y de que dejases pender en los árboles las manzanas. Títiro estaba ausente de aquí; hasta estos mismos pinos, ¡oh Títiro!, estas fuentes mismas, estas mismas florestas te llamaban.
A ti te conozco de muy atrás, cuando, zagalón todavía, guardabas tu rebaño en el llano de la laguna. Yo estaba a la vera tuya siempre que tocabas la flauta bajo los chopos, enamorado de Amarilis.
Ésta es la hora en que los ganados buscan las sombras y la frescura, en que los verdes lagartos se esconden bajo las cambroneras y en que maja Testilis ajos y serpol, hierbas olorosas, para los segadores fatigados por el ardiente estío, y yo entre tanto voy buscando tus pisadas por entre los arbustos, que, bajo un sol abrasador, resuenan con el canto de las roncas cigarras. ¿No me hubiera estado mejor sufrir las iras y los orgullosos desdenes de Amarilis?
n literatura, como en religión, como en política y como en todo, haj mixtificaciones ó supercherías; y para mí entra en el número de ellas la epístola en silva que, con el seudónimo de Amarilis dirigió á Lope de Vega, en 1620, una dama huanu- queña.