América española

América española

 
Ejemplos ?
Lo que hubiese podido ser y no había sido, les volvía a la superficie del alma, como en líquido revuelto, amargo poso. ¿Por qué no estaba Cárdenas presidiendo aquella República, que hoy lozaneaba entre las de América española?
En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder, –mero fortín de la Roma americana;–y si libres, –y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada...
Y para que la navegación y comercio á las Indias occidentales queden mas firme y ampliamente asegurados, se ha convenido y ajustado también por el presente, que ni el rey católico, ni alguno de sus herederos y sucesores puedan vender, ceder, empeñar, traspasar á los franceses ni á otra nación tierras, dominios ó territorios algunos de la América española, ni parte alguna de ellos, ni enajenarla en modo alguno de sí, ni de la corona de España.
Así, en el segundo número del Censor, habla contra «los esfuerzos prematuros para establecer una libertad que sería más ventajosa a nuestros enemigos que a nosotros.» En resumen, la opinión de Monteagudo, expresada más tarde con claridad en muchos de sus escritos, era que los «pueblos de la América española no estaban preparados para ser regidos por instituciones democráticas, y que había peligro en darles á beber sin medida el néctar embriagador de la libertad.
Y al contrario, para que se conserven mas enteros los dominios de la América española, promete la reina de la Gran Bretaña que solicitará y dará ayuda á los españoles para que los limites antiguos de sus dominios de América se restituyan y fijen como estaban en tiempo del referido rey católico Cárlos II, si acaso se hallare que en algún modo ó por algún pretcsto hubieren padecido alguna desmembración ó quiebra después de la muerte del dicho rey católico Cárlos II.
Por eso, el italiano verifica una evolución: deja de ser el soldado brutal de la antigua Roma para convertirse en el fecundo y laborioso inmigrante de los pueblos americanos. El va engrandeciendo y poblando las naciones orientales de la América española.
Por otra parte, era imposible que, en continua relación con la Metrópoli, México y toda la América española no percibiese, aunque confusamente, el fuego de emancipación que ardía por todas partes, y de que en lo político España misma había dado el noble ejemplo lanzando de su seno a los moros que, siete siglos antes y en mejores circunstancias, habían intentado hacer en la península lo que ella, a su vez, se propuso en América.
Si él llegare a caer por aventura en manos de algún culto español, queda advertido este europeo que hemos escrito un Quijote para la América española, y de ningún modo para España; ni somos hombre de suposición que nos juzguemos con autoridad de hacerle tal presente, a ella dueña del suyo, ese tan grande y soberbio que se anda coronado por el mundo.
La patria es entonces para los Indianos la localidad nativa y sólo además su región de real hegemonía. La nación es América española entera.
“Se ha dicho, y es una verdad histórica absolutamente comprobada que el descubrimiento, conquista y colonización de América española fue una obra eminentemente popular”.
En los Estados Unidos, el gobierno y los capitalistas mejor quieren impedir la revolución que meterse en la aventura intervencionista de la que pueden surgir complicaciones desastrosas para su política de imperialismo; guerra de exterminio sería la que se tendría que llevar a México, y ¿puede calcularse lo que ese hecho sacudiría y provocaría en la América Española y en el propio territorio de los Estados Unidos?
No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, justo con los demás pueblos de la América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores.