Altdorf

Altdorf

 
C. de Suiza, cap. del cantón de Uri.
Ejemplos ?
EL PESCADOR Y SU HIJO.––¡Ah! hablad, hablad. TELL.––¿Sabéis lo ocurrido en Altdorf? PESCADOR.––Lo sé todo; hablad. TELL.––Sabéis que el gobernador me hizo prender y atar para conducirme a la fortaleza de Kussnacht.
(Se acerca temerosa.) GESZLER—No mandé colocar el tal sombrero en Altdorf por chanza y poner a prueba a ese pueblo, porque harto lo conozco mucho tiempo ha.
(Mientras se repiten. las últimas frases, cae el telón.) = Plaza pública en Altdorf. En el fondo, a la derecha, la fortaleza de Uri con los andamios, como en la tercera escena del primer acto; a la izquierda, la vista de algunas montañas, en cuya cima brillan las fogatas.
ROESSELMANN.––El mismo celo puede hacer traición a nuestros planes. WALTER FURST.––Si se demoran, el edificio de Altdorf estará terminado y el gobernador irá a fortificarse en él.
Después cuando el suelo no bastó a contener aquella numerosa población, fueron desparramándose hasta las montañas negras, y la vecina comarca, donde otro pueblo, escondido en las eternas nieves, habla otra lengua. Quedó fundado Stanz en el bosque de Kern, y Altdorf en el valle de Reuss.
Tenemos enfrente un común enemigo, ante el cual debemos temblar todos, y una libertad, de la cual gozaremos todos. (Se van.) = Una pradera en Altdorf; algunos árboles en primer término.
TELL.––Sí, hijo mío... pues mira, si el bosque que está encima del pueblo no los detuviera, sepultarían en el hielo a Altdorf. WALTHER.–––(Después de un momento de reflexión.) Padre, ¿hay países sin montañas?
TELL.––Cuando me falta un arma, me parece que me falta un brazo. (Salen los niños.) WALTHER.––Padre, ¿a dónde vas? TELL.––A Altdorf, hijo mío, a ver a tu abuelo... ¿Quieres venir?
Seguidme, venid. (Van hacia él.) = Una plaza pública de Altdorf. En una altura del fondo se levanta una fortaleza en construcción pero bastante adelantada, de modo que puede distinguirse la forma del edificio.
A RUDENZ.) Te veo muy engalanado y equipado. ¿Te dispones a salir para Altdorf a ver al gobernador? RUDENZ––Sí, querido tío, y no me atrevo a demorar por más tiempo la partida.
¡Ah! Ulrico, Ulrico; sigue con los tuyos, no vayas a Altdorf, no abandones la sagrada causa de la patria. Postrer representante de mi raza, mi nombre se perderá conmigo, y mi casco y mi escudo que cuelgan allí, serán encerrados conmigo en mi tumba.
Aquí están las profundas raíces de tu poderío; allí, aislado, en un mundo extranjero para ti, no serás más que débil caña rota al embate de todos los vientos... ¡Oh! vente; tiempo ha que no nos has visto; prueba de pasar un día con nosotros; no vayas hoy a Altdorf... ¿Oyes?