Almagro

Almagro

 
Mun. de la prov. española de Ciudad Real, cab. de p. j.; 8 255 h. Conjunto artístico-histórico.
Ejemplos ?
Después del trágico fin que tuvo en Lima el audaz conquistador del Perú, Carbajal combatió tenazmente la facción del joven Almagro.
Por lo regular se copiaba un cuadro representando la prisión de Atahualpa, la revolución de Almagro el Mozo, una jarana en Amancaes, el auto de fe de Madama Castro, el paseo de Alcaldes, la procesión de las quince andas o cualquier otra escena histórica o popular.
que cuando el Marqués don Francisco Pizarro me dio esta empresa, no había hombre que quisiese venir a esta tierra, y los que más huían della eran los que trajo el adelantado don Diego de Almagro, que como la desamparó, quedó tan mal infamada, que como de la pestilencia huían della; y aún muchas personas que me querían bien y eran tenidos por cuerdos, no me tovieron por tal cuando me vieron gastar la hacienda que tenía en empresa tan apartada del Perú, y donde el Adelantado no había perseverado, habiendo gastado él y los que en su compañía vinieron más de quinientos mill pesos de oro; y el fructo que hizo fue poner doblado ánimo a estos indio; y como vi el servicio que a V.
Siendo tan entusiasta y leal amigo del jefe de la conquista, está dicho que tomó activa participación en la guerra contra Almagro el Mozo, terminada la cual, ahito de aventuras, peligros y desengaños, fijó su residencia en Trujillo.
Bástente apuntar que Manco se dio trazas para huir de Cuzco y establecer su gobierno en las altiplanicies En la contienda entre pizarristas y almagristas, Manco prestó a los últimos algunos servicios y consumada la ruina y victimación de Almagro el Mozo, doce o quince de los vencidos, entre los que se contaban los capitanes Diego Méndez y Gómez Peréz, hallaron refugio al lado del Inca, que había fijado su corte en Vilcapampa.
Injusto fue para con ellos el buen D. Diego; porque más tarde los frailes de esa comunidad sirvieron, y mucho, la causa de Almagro el Mozo.
Parece que vino al Perú en 1531 y que fué á establecerse en el Cuzco, donde era regidor cuando el Ca- bildo reconoció la autoridad de Almagro el Viejo.
Hombre vulgarísimo, pero muy valiente, tenía á veces arranques hidalgos; y cuando, en la en- trevista de Mala se propusieron los pizarristas apoderarse por traición de la i ersona de Almagro el Viejo, Alonso de Mesa fué de los pocos que protestaron indignados contra esa felonía, y cuéntase que al pasar junto al Mariscal, lo hizo cantando esta popular copla del romancero español: Tiempo es el caballero, tiempo es de huir de aquí, que me crece la barriga y se me acorta el vestir.
Con lo que Almagro se dio por avisado y escapó á la celada que tan indignamente le tendían. Desde entonces Pedro de Candía vivió resentido con los Pizarro; y cuando, muerto el marqués, Almagro el Mozo se proclamó gobernador del Perú, aceptó sin vacilar el mando de la artillería.
Candía mostró inmediatamente la carta á su caudi- llo, dándole así una prueba de lealtad. Esto sucedía en los momentos en que Vaca de Castro enviaba á Almagro proposi- ciones de paz.
Almagro desconfió, y con justicia, del negocia- dor, que á la vez que proponía un arreglo, estaba minándole el ejército. En el acto el campo almagrista se puso en movimiento sobre Chupas para presentar la batalla.
¡Yo soy un blanco doble mejor que vosotros para el enemigo!» La tropa siguió entusiasmada el ejemplo de su corpulento y obeso capitán, y se apoderó de la artillería de Almagro.