Alejandra

Alejandra (Aleksandra Fëdorovna)

 
(1872-1918) Última emperatriz de Rusia. Sufrió la influencia de Rasputín y fue asesinada con su esposo e hijos por los revolucionarios rusos. En 2000 fue canonizada por la iglesia ortodoxa rusa.

Alejandra

 
(s. I a C) Reina de Judea, llamada también Salomé. A su muerte, sus hijos Hircano y Aristóbulo se disputaron el trono.
Traducciones

Alejandra

Alexandra

Alejandra

Alexandra

Alejandra

Alessandra, Sandra
Ejemplos ?
Era de cara tan gentil y hermosa, de porte y ademán tan distinguido, de habla tan afable y armoniosa que un áspid con placer le diera oído: de modo que, por ser tan rara cosa, fue al cabo a ser su encierro conocido por Alejandra, hija de Orontea, la cual vivía aún anciana y fea.
Es una tarde de Mayo. Tomamos el sol en embalsamados jardines. La gente ríe, habla acá y allá, me saluda... -¡Alejandra! ¡Alejandra mía! ¡Tampoco!
Poco después rehusó comparecer y firmar su matrimonio con la gran Duquesa Alejandra, nieta de Catalina; en fin, se casó con Sofía Dorotea de Bade.
Allá imagino un perfumado gabinete, una chispeante chimenea, alfombras, butacas, pieles, café, ron, tabaco...; una plática tierna, descanso del placer, incentivo de más placeres...; una alcoba tibiamente alumbrada, un lecho mullido y el sueño de la felicidad... -¡Ay, mi Alejandra!
Deseó Alejandra ver a aquel valiente muchacho que alabanza tanta incita; y tanto con su madre fue insistente, que al fin a Elbanio logra hacer visita; mas, cuando partir quiere, entonces siente que el alma queda allí donde halló cuita: siente que el mozo en su prisión la apresa, y, al fin del que es su preso, quedó presa.
Mas, pues contra razón no es conocida aquí la humanidad en pecho humano, no pediré que me donéis la vida, que bien sé que mi ruego fuera vano; mas que pueda morir mientras me mida a un bravo caballero espada en mano, y no como animal en sacrifico o reo condenado en algún juicio.-- »La gentil Alejandra, a la que rea hizo el llanto y los ojos infelices, repuso: --Por más que esta tierra sea más cruda que ninguna en sus raíces, no concedo que sea una Medea toda mujer aquí, como tú dices; y, aunque todas lo sean ciertamente, no quiero más que entre ellas se me cuente, »Y, si otro tiempo fui cruel e impía como tantas aquí tienes delante, me disculpa el no haber hasta este día tenido en quien mostrar suave talante.
Pero procuraré que así te avenga y tengas al morir este contento, aunque temo que sólo al fin se obtenga de un más largo morir mayor tormento.-- --Cuando diez ante mí armados tenga, tal será mi coraje y ardimiento--, él arguyó --que, a todos dando muerte, espero sortear mi cruda suerte.-- »No dio Alejandra a aquello por respuesta más que un sospiro solo, y salió fuera, llevándose al partir de la ballesta de amor clavado el dardo adonde fuera.
Cuando más engolfada estaba Alejandra, que así tenía nombre esta dama, en la amistad de don Manuel, quiso el Cielo, para castigarla, o para destruirme, darle una peligrosa enfermedad, de quien, viéndose en peligro de muerte, prometió a Dios apartarse de tan ilícito trato, haciendo voto de cumplirlo.
Sustentó esta devota promesa, viéndose con la deseada salud, año y medio, que fue el tiempo en que don Manuel buscó mi perdición, viéndose despedido de Alejandra; bien que, como después supe, la visitaba en toda cortesía, y la regalaba por la obligación pasada.
Y lo dejó con Alejandra bella, que dio a esta tierra nombre, de heredero, con pacto de que él y quien su huella siga tras él observe el dicho fuero, el cual obliga al que por fiera estrella aquí ponga su pie en lo venidero, que elija si entregarse en sacrificio o dar ante diez prueba de su oficio.
Y entretenido en mi galanteo, faltó a la asistencia de Alejandra, conociendo el poco fruto que sacaba de ella; pues esta mujer, en faltar de su casa, como solía mi ingrato dueño, conoció que era la ocasión otro empleo, y buscando la causa, o que de criadas pagadas de la casa de don Manuel, o mi desventura que se lo debió de decir, supo cómo don Manuel trataba su casamiento conmigo.
Sin otras que omito por no trasladar lo que otros han dicho (que es vicio que siempre he abominado), pues en nuestros tiempos está floreciendo la gran Cristina Alejandra, Reina de Suecia, tan docta como valerosa y magnánima, y las Excelentísimas señoras Duquesa de Aveyro y Condesa de Villaumbrosa.