Alejandría

Alejandría

 
C. de Egipto, en el delta del Nilo; 2 917 300 h. Forma una gobernación de 2 679 km2. Primer puerto comercial del país. Refinería de petróleo. Universidad. Fundada por Alejandro Magno (332 a C). Su famosa biblioteca fue destruida en el s. VII. Del mismo período era su faro, considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. En 2002 se inauguró la Biblioteca Alexandrina, heredera simbólica de la antigua biblioteca.
Traducciones

Alejandría

Alexandria

Alejandría

SFAlexandria
Ejemplos ?
Londres, Génova, el Cairo, Alejandría, Venecia… el mundo entero recorren sus pilotos cada día, y siempre afortunados en sus viajes, ni sufren de corsarios abordajes, ni fiero temporal les descarría.
Y uno de ellos, acaso rico de hacienda e instrucción no escaso, traía a su memoria de aquella poderosa Alejandría la magnífica historia que escrita en libros aprendió algun día; y vagaban sus ojos, y buscaban en vano sus deseos los confusos despojos del soberbio palacio que elevaron allí los Tolomeos: buscaban el espacio que ocupó el Hipodromo, y el Timonio y las célebres Agujas de la bella amorosa Cleopatra, y cien otros antiguos monumentos transformados o rotos a las manos del tiempo y de los árabes sangrientos.
Palabras no hay en mi lengua ni fuerza en mi fantasía, de la hermosa Alejandría y del rico mercader, para contar sin agravio de la ciudad, o del moro, de éste el inmenso tesoro, de aquélla el fausto y poder.
La historia del mercader de Alejandría compone otra leyenda oriental, que por sus dimensiones ha sido forzoso suprimir aquí Y así pasaban sus días en regalos y banquetes, prolongando sus orgías hasta el matutino albor.
Ese peregrino que usted ve no procede de Persia ni de Alejandría, ni siquiera de otras partes de España, pues es de aquí cerca, según se cree, si bien no ha habido medio de que revele su nombre (su nombre de pecador, como él dice).
Allí a su riego crecían, en ricos jarrones chinos, los claveles purpurinos que el Cairo tan sólo da, y el tulipán soberano que Estambul adora y cría, y la flor que a Alejandría siempre el Asia envidiará.
Los abrazos que Tenorio al de Alejandría dió, del comerciante de Oriente la magnífica oración, el asombro del incógnito que a don Tello Arias mató, de Zulima, hoy Eliodora, el consiguiente rubor al encontrar otra vez al dueño que abandonó, y las dos mil zarandajas con que imberbe historiador emborronara papel y cansara tu atención, no son medios que acomodan a mi actual pésimo humor, para dar a mi leyenda competente conclusión.
En las escuelas catequéticas y teológicas que se fundaron en la jurisdicción de muchas sedes episcopales, y entre las que figuran como más célebres las de Alejandría y Antioquía, la enseñanza que en ellas se daba no consistía, por decirlo así, más que en la lectura, explicación y defensa de la palabra de Dios escrita.
Ya en esto había Halima declarado su intento a Mahamut y a Ricardo, y ellos estaban en ponerlo por obra al pasar de las cruces de Alejandría, o al entrar de los castillos de la Natolia.
Pues, como él mismo certificaba de sí, «ya tenía la cabeza cubierta de canas, y más me correspondía ser maestro que discípulo, y, no obstante, marché a Alejandría, donde oí a Dídimo.
Justino, hijo del patricio Germano y primo del emperador Justino, recibe la muerte en Alejandría por conspiración de Sofía Augusta.
Además, de igual manera que a la gracia de Dios, se somete también a la autoridad de los mayores, hasta llegar a afirmar que «lo que sabía no lo había aprendido de sí mismo, ya que la presunción es el peor maestro, sino de los ilustres Padres de la Iglesia»(62); confiesa que «en los libros divinos no se ha fiado nunca de sus propias fuerzas»(63), y a Teófilo, obispo de Alejandría, expone así la norma a la cual había ajustado su vida y sus estudios: «Ten para ti que nada debe haber para nosotros tan sagrado como salvaguardar los derechos del cristiano, no cambiar el sentido de los Padres y tener siempre presente la fe romana, cuyo elogio hizo el Apóstol»(64).