Alá

Alá (Allăh)

 
Nombre que dan a Dios los mahometanos y los cristianos orientales.
Traducciones

Alá

Allah

Alá

Allah

Alá

Alláh

Alá

Allah

Alá

Allah

Alá

Allah

Alá

Alah

Alá

Allah

Alá

アッラー

Alá

알라

Alá

Allah

Alá

Allah

Alá

Allah

Alá

Alá

Alá

Allah

Alá

อัลลอฮ์

Alá

Allah

Alá

thánh Allah

Alá

安拉

Alá

SMAllah
Ejemplos ?
Le cubría la cabeza un rojo turbante (vaya a saber Alá dónde robado), y debía tener un hambre de siete mil diablos, porque cuando me vio aparecer con zapatos de suela de caucho y el aparato fotográfico colgando de la mano, me hizo una reverencia como jamás la habrá recibido el Alto Comisionado de España en el protectorado; y en un español magníficamente estropeado, me propuso, en las barbas de todos aquellos truhanes que, sentados en cuclillas, le miraban hablar: -Gran señor: ninguno de estos andrajosos merece escucharme.
Secuestras monedas de plata. La clemencia de Alá ha impedido que la cólera de nuestro señor el Sultán cayera sobre mi cabeza y la de nuestra familia.
Mahomet desencajó los ojos en el espanto de su situación, sin atreverse a moverse. -Está escrito que Alá pierde a los que quiere perder, hermano.
Haciendo sentar a su visitante en muelles cojines, le agasajaba, le acariciaba y le decía: -Honras mi casa. Que Alá te cubra de prosperidad a ti y a tu noble familia.
El viejo Faraj, una vez recibida la respuesta de Java, llamó a su hijo Dais a la sala de abluciones de su casa, y sentado frente a él, mientras el joven permanecía respetuosamente de pie, le dijo: -Sé que te has enamorado de una perra infiel. ¿Pretendes que la cólera de Alá ruede sobre nuestras cabezas?
Apelando a su voluntad, estranguló la ola de emoción que se le subía a los ojos, y, entristecido, fatigadísimo, habló como a través de un sueño, con palabras muy pesadas: -Que Alá me condene si eres inocente...
Una serpiente negra se ocultaba bajo el tronco de la orquídea. Yo mentiría si dijera que la muerte del "Ojo de Alá", como le llamábamos un poco burlonamente, nos importó.
Muley, sano. ¡Alá, grande! -Mañana -dije- le soltaremos; pero antes yo he de estudiar bien su cabeza y tomar de ella varias fotografías.
¿Me escuchas, hijo de Faraj? -Sí, señor; te escucho. -En nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso: Hace ochenta años. Yo entonces tenía veinte años.
Ahora Ibu Abucab prosperaba. Dentro de algunos años, con ayuda de Alá, se enriquecería, y podría, como otros vecinos, mantener un harén.
Un árabe descalzo, que montado en un asnillo pasaba por allí, se detuvo frente al hablador: -Por Alá, hermano, ¿cómo puedes preguntar si es de noche o es de día?
Luego un chico tuerto, con una lamentable chilaba colgando de sus hombros y un fez rojo, depositó tres vasos de café sobre la mesa, y el primo Guillermo me lo presentó: -Es sabio y virtuoso como el ojo de Alá.