Afrodita


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afrodita

adj. BOTÁNICA Se refiere a la planta que se reproduce asexualmente.

Afrodita (Aphrodítē)

 
mit. Diosa griega del amor, la belleza, la procreación y la vida; hija de Zeus. Corresponde a la diosa romana Venus.
Traducciones

Afrodita

SFAphrodite
Ejemplos ?
En cuanto a las hijas de Nereo, viejo del mar, Psámata, divina entre diosas, parió a Foco en abrazo con Éaco por mediación de la dorada Afrodita.
Pronto el Cronión intentó zaherir a Hera con mordaces palabras; y hablando fingidamente, dijo: —Dos son las diosas que protegen a Menelao, Hera argiva y Atenea alalcomenia; pero sentadas a distancia, se contentan con mirarle; mientras que la risueña Afrodita acompaña constantemente al otro y le libra de las Moiras, y ahora le ha salvado cuando él mismo creía perecer.
No me reproches los amables dones de la dorada Afrodita, que no son despreciables los eximios presentes de los dioses y nadie puede escogerlos a su gusto.
Y se lo hubiera llevado, consiguiendo inmensa gloria, si al punto no lo hubiese advertido Afrodita, hija de Zeus, que rompió la correa, hecha del cuero de un buey degollado: el casco vacío siguió a la robusta mano, el héroe lo volteó y arrojó a los aqueos, de hermosas grebas, y sus fieles compañeros lo recogieron.
De nuevo asaltó Menelao a Paris para matarle con la broncínea lanza; pero Afrodita arrebató a su hijo con gran facilidad, por ser diosa, y llevóle, envuelto en densa niebla, al oloroso y perfumado tálamo.
Luego fue a llamar a Helena, hallándola en la alta torre con muchas troyanas; tiró suavemente de su perfumado velo, y tomando la figura de una anciana cardadora que allá en Lacedemonia le preparaba a Helena hermosas lanas y era muy querida de ésta, dijo la diosa Afrodita: —Ven.
¿Querrás complacerme en lo que te diga, o te negarás, irritada en tu ánimo, porque yo protejo a los dánaos y tú a los teucros? Respondióle Afrodita, hija de Zeus: — ¡Hera, venerable diosa, hija del gran Cronos!
No iré allá, ¡vergonzoso fuera!, a compartir su lecho; todas las troyanas me lo vituperarían, y ya son muchos los pesares que conturban mi corazón. La diosa Afrodita le respondió colérica: — ¡No me irrites, desgraciada!
Mientras Afrodita sacaba a Eneas de la liza, el hijo de Capaneo no echó en olvido las órdenes que le diera Diomedes, valiente en el combate: sujetó allí, separadamente de la refriega, sus solípedos caballos, amarrando las bridas al barandal; y apoderándose de los corceles, de lindas crines, de Eneas, hízolos pasar de los teucros a los aqueos de hermosas grebas y entrególos a Deipilo, el compañero a quien más honraba a causa de su prudencia, para que los llevara a las cóncavas naves.
La risueña Afrodita colocó una silla delante de Alejandro; sentóse Helena, hija de Zeus, que llevaba la égida, y apartando la vista de su esposo, le increpó con estas palabras: —¡Vienes de la lucha...
Los dioses fueron al combate divididos en dos bandos: encamináronse a las naves Hera, Palas Atenea, Poseidón, que ciñe la tierra, el benéfico Hermes, de prudente espíritu, y con ellos Hefesto, que, orgulloso de su fuerza, cojeaba arrastrando sus gráciles piernas; y enderezaron sus pasos a los teucros Ares, de tremolante casco, el intenso Febo Apolo, Artemis, que se complace en tirar flechas, Leto, el Janto y la risueña Afrodita.
Sonrióse Hera veneranda, la de los grandes ojos; y sonriente aún, escondió el ceñidor en el seno. Afrodita, hija de Zeus, volvió a su morada.