Adelaida

Adelaida

 
C. del S de Australia, cap. del estado de Australia Meridional; 1 013 000 h. Puerto.
Traducciones

Adelaida

Adelaide

adelaida

SF (Méx) → fuchsia
Ejemplos ?
¿Quién sabe si un aura vaga por los vientos peregrina o una errante golondrina te traerán nuevas de mí? ¡Oh Adelaida!, nunca dejes de velar en torno tuyo.
¡Adiós!… y por si a vernos no volvemos, Adelaida gentil, sobre la tierra, este papel en que mi fe se encierra sirva de nudo santo entre los dos.
—No tengo inconveniente, ángel mío, para llevarte el do- mingo, no precisamente donde esa Adelaida, que ha de ser bruja carera y mis finanzas andan como las de la patria, sino donde otra prójima del oficio que, por cuatro ó cinco duros, te leerá el porvenir en las rayas de las manos, y el pasado, en el librito de las cuarenta.
Los dos amigos lo pusieron al corriente de la conversación, y el arrendador de contribuciones, encantado por la oportunidad que se le ofrecía de confesar sus sentimientos por Adelaida, hija del presidente, aceptó al duque como yerno a condición de que él se convirtiera en yerno de Curval.
Durcet, padre de Constanza, se convirtió en el esposo de Adelaida, hija del presidente; El presidente, padre de Adelaida, se convirtió en el esposo de Julia, hija mayor del duque.
Los amigos se colocaron en sus canapés, teniendo el duque a sus pies a su querido Hércules, cerca de él, desnuda, a Adelaida, mujer de Durcet e hija del presidente, y formando cuadrilla enfrente de él y unida a su nicho por medio de guirnaldas, según explicamos antes, estaban Céfiro, Gitón, Agustina y Sofía, disfrazados de pastores, presididos por Luisona vestida de campesina y representando el papel de madre de ellos.
—¡Eh! Sin duda alguna. —¿Y la comida? —preguntó Durcet, mientras Adelaida se la meneaba. —¿La comida? —contestó el presidente—. ¡Eh!
La princesa Adelaida de Orleáns, allá en los tiempos del rey de los franceses, tenía la buena costumbre de asomarse cada mañana al jardín de su palacio y con sus propias manos desparramaba una cestilla de trigo, avena y mijo, para alimento de las aves, que acudían puntualmente, esperando el regalo principesco.
Cuando la princesa Adelaida estaba en duda de si debía seguir al soberano decaído, se presentó un anciano y le dijo: -Señora, permitidme que os ofrezca un retiro seguro y honorable, donde podréis pasar estos días de turbación, en que el pueblo, enloquecido, tal vez ose importunaros.
En las orgías, aquella noche, Adelaida, Alina, Agustina y Zelmira son condenadas a azotes con varas en todo el cuerpo exceptuando los senos, pero, como quieren todavía gozar de ellas al menos durante dos meses, las tratan con miramientos.
Delicada en todas sus formas, Adelaida era más bien el esbozo que el modelo de belleza, parecía que la naturaleza sólo hubiese querido indicar en Adelaida lo que había realizado tan majestuosamente en Constanza.
Creyóse que el recto había sido absolutamente perforado, pero su juventud, su salud y el efecto de algunos medicamentos devolvieron pronto al duque el uso de esta vía prohibida, y la desgraciada Constanza, obligada a habituarse a este suplicio diario, y que no era el único, se restableció completamente y se acostumbró a todo. Adelaida, mujer de Durcet e hija del presidente, era quizás una belleza superior a Constanza, pero de un tipo completamente distinto.