Ejemplos ?
La joven Adela era sin duda alguna de las picantes...
¡Que con vosotras ella estaba también, con sus dorados rizos, y azules ojos, y su frente pálida y blanca!... En mis convulsos labios sonó el grito de ¡Adela!
-¡Aquí, aquí! -grita de pronto-; Fernando, Adela, aquí... Una pareja, también de luto, entra en el reservado: la enlutada del coche los abraza, sobre el pecho de la otra mujer llora, sofocando los sollozos.
- VI - Que ella murió en la edad de la hermosura, en la edad de los cándidos hechizos; y cuando piense en ella veré siempre su blanca vestidura, su tersa frente y sus dorados rizos: la veré siempre bella. - VII - Morando en los espacios de la gloria tú aún vives con nosotros, pobre Adela; tú para mí no has muerto.
Pero no se da corazón que no ame, y en el día con violencia inaudita; las pasiones se han avivado con el trascurso de los tiempos, y en el siglo de las luces una pasión amorosa es siempre un volcán que se consume a sí propio abrasando a los demás. ¿Y quién es el hombre que hubiera hecho la felicidad de Adela, se entiende, no casándose con ella?
Pero cuando el mundo exige sacrificios los exige completos, y el de Carlos lo fue; la víctima debía ir adornada al altar. Negocio hecho: de allí a poco Carlos y Adela eran uno.
He oído decir muchas veces que suele salir de una coqueta una buena madre de familia; también puede salir de una tormenta una cosecha: yo soy de opinión que la mujer que empieza mal, acaba peor. Adela fue un ejemplo de esta verdad; medio año hacía que se había unido con santos vínculos a Carlos; la moda exigía cierta separación, cierto abandono.
¿Cuánto no se hubiera reído el mundo de un marido atento a su mujer? Adela, por otra parte, estaba demasiado bien educada para hacer caso de su marido.
Un joven del mejor tono fue más asiduo y mañoso, y Adela abrazó por fin las reglas del gran mundo; el joven era orgulloso, y entre el cúmulo de adoradores de camino trillado parecía despreciar a Adela; con mujeres coquetas y acostumbradas a vencer, rara vez se deja de llegar a la meta por ese camino.
Adela da asilo en su casa al herido, y una escena amorosa pone de manifiesto los sentimientos de estos dos héroes. Pero Adela, siguiendo los caprichos de esta injusta sociedad, dice a Antony, ya vendado, que un hombre enamorado de una mujer casada no puede vivir en su casa a mesa y mantel.
Antony se desespera; pero para vencer a esa sociedad injusta, cuyas leyes despóticas no nos dejan vivir con nuestra Adela aunque sea mujer de otro, se arranca el vendaje exclamando: «¿Con que estando bueno me tengo que marchar a mi casa?
Pero Adela, sin duda para manifestarnos lo interesante y lo digna de lástima que es una mujer que resiste a una pasión, trata de salvarse del peligro corriendo a reunirse con su esposo, plan que lleva a cabo con resolución.