Acates

Acates (Achátes)

 
mit. Compañero de Eneas, famoso por su fidelidad.
Ejemplos ?
Acompañado por Acates, Eneas llega a la ciudad justo cuando el rey Evandro y su hijo Palante están ofreciendo sacrificios a Hércules, y piden al rey establecer una alianza para hacer frente a los rútulos.
Ve al hijo de Atreo y a Príamo, y a Aquiles, terrible para ambos. Parose, y llenos de lágrimas en los ojos, "¿Cuál lugar, exclama, ¡oh Acates!
EPITO, anciano guerrero troyano. EPULÓN, guerrero latino, muerto a manos de Acates. ERICETES, guerrero de la Licaonia, muerto a manos de Mesapo.
Al otro día del recibimiento oficial, apareció en una de las puertas de palacio un cartel con los siguientes versos, que literariamente juzgados no valen un pitoche o corachín negro, pero que en lo substanciosos eran para ocasionar un tabardillo pintado a gobernante de poca enjundia y menos cuajo: «Tu cara no es de excelencia ni tu traje de virrey: Dios ponga tiento en tus manos para que acates la ley».
A Don Félix Arias Girón Ozeano mar, que desde el frio Arturo, Las Antarticas márgenes combares, Asi con vientos prosperos dilares, Las ondas de tu campo crespo, y puro. Que a la armada Catolica feguro, Una laguna de cristal retratcs, Buelve a don Felix, que dexó su Acates.
Sin duda Eneas y sus compañeros hubieran seguido recorriendo con la vista todas aquellas maravillas, si ya Acates, a quien el caudillo troyano había enviado por delante, no hubiese llegado entonces y con él Deífobe, hija de Glauco, sacerdotisa de Apolo y de Diana, la cual le habló en estos términos: "No es ocasión esta de pararte a contemplar tales espectáculos.
Con él salen del alto zaguán dos perros, sus vigilantes guardas, que acompañan los pasos de su amo, el cual se encamina a la repuesta morada de su huésped Eneas, recordando sus palabras de la víspera y los socorros prometidos. No menos madrugador Eneas, iba ya, acompañado de Acates, al encuentro de Evandro, a quien acompañaba su hijo Palante.
Párase y empuña el arco y las veloces flechas, armas que llevaba el fiel Acates, y derriba primero a los guiones de cabeza erguida 190 con sus ramosas cornamentas; luego acomete a los demás, y disparándoles sus saetas, revuelve toda la turba por los frondosos bosques, y no cesa hasta que, vencedor, postra en tierra siete corpulentos ciervos, número igual al de sus naves; con esto se encamina al puerto y reparte la caza con sus compañeros, 195 entre los cuales distribuye además los vinos con que el generoso héroe Acestes cargó las bodegas de sus barcos al despedirlos en las playas de Sicilia.
¡Italia! clamó el primero Acates, y a Italia saludan con jubilosos clamores mis compañeros. Entonces mi padre Anquises enguirnalda una gran copa, la llena de vino, y puesto de pie en la más alta popa, invoca a los dioses en estos términos: "Dioses del mar y de la tierra, árbitros de las altas tempestades, otorgadnos una fácil travesía y prósperos vientos." Arrecian en esto las deseadas auras, descúbrese el puerto ya más cercano, y aparece en una altura un templo de Minerva; recogen mis compañeros las velas y enderezan las proas hacia la costa.
Entonces Eneas dice a su fiel Acates: "Apróntame aquellos dardos que en los campos de Troya quedaron clavados en los cuerpos de los Griegos; ni uno solo de ellos lanzará en vano mi diestra contra los Rútulos"; y en esto ase y dispara un gran venablo, que va volando a traspasar el férreo escudo de Meón, rompiéndole juntamente la coraza y el pecho.
Entonces Numitor arranca el venablo del cuerpo de su hermano y arremete con él a Eneas; mas no pudo clavársele, y sólo consigue herir ligeramente en un muslo al grande Acates.
Mientras Turno vencedor hace en el campo de batalla tales estragos, Mnesteo, el fiel Acates y Ascanio se llevaban a los reales a Eneas ensangrentado y apoyándose a cada paso en su larga lanza.