Academia Española

Academia Española

 
Diversas agrupaciones de científicos españoles creadas para profundizar el estudio de distintas materias. Las más importantes son: Academia de la Lengua; Academia de la Historia; Academia de Bellas Artes de San Fernando; Academia de Medicina y Cirugía; Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Ejemplos ?
Dicc. de la Real Academia española ). La expresión, en sentido figurado, que tal como utilizada por Séneca ha llegado a nuestros días, proviene de la voz, que designaba el calzado utilizado por los actores que representaban en la Roma antigua, para aumentar su estatura ensalzando de esta manera visualmente sus roles.
Aceptado en lenguas germánicas, sajonas, eslavas y en general, en todas las lenguas de la familia indoeuropea. Por otro lado, el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española de la Lengua, nos dice: “Ars, Artis.
El señor cura estaba encerrado en su cuarto con la suegra, es decir, con el Breviario, a que dan este nombre los eclesiásticos, según dice el Diccionario de la Academia Española de la Lengua, que unas veces tiene la lengua demasiado corta y otras demasiado larga.
Digamos ahora, para concluir en esta parte, que por haberle comprado el manuscrito la Real Academia Española poco antes de la catástrofe de Sigüenza, donde Jiménez asesinó á su querida suicidándose en el acto, hubo de intervenir en cierto modo la docta Corporación en la causa criminal, por medio de académicos tan ilustres como D.
Los tres rezamos y lloramos por Gumersindo, y pocos días después Diego y yo rezamos y lloramos por Luis, que acababa de morir en nuestros brazos; y mientras no se maldiga en España el culto de las letras, como se ha empezado a maldecir el culto de Dios, será reverenciado en el catálogo de los españoles ilustres (aunque la Academia Española de la Lengua le haya dejado morir sin llamarle a su seno) con el nombre de don Luis de Eguílaz.
Se conocía un único ejemplar, francés, de la primera edición. Ahora sabemos que existía un segundo y por ahora último ejemplar en la Biblioteca de la Real Academia Española.
Termino, pues, enviándole mi más cordial saludo, y la mejor de mis humildes bendiciones, a usted, dignísimo Vice-Rector del Seminario Conciliar de Vitoria, Profesor inteligentísimo de historia de las religiones y de la historia primitiva del hombre, a quien, por sus especiales y acertadísimos estudios y ciencia positiva en la etnología y prehistoria, le decoran los prestigiosos nombramientos y títulos de Miembro del Consejo Permanente de los Congresos Internacionales de las Ciencias de Misionología de Munster, correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Vasca, Director del Laboratorio de Etnografía y Folklore Vasco, etc.
Este segundo conde de Castañeda de los Lamos debió ser un muy notable literato; y dígolo, no porque haya leído libros suyos, que la verdad, ninguno ha caído bajo mi jurisdicción, sino porque el 32 de septiembre de 1818 la Real Academia Española le nombró académico de número, para ocupar el sillón H, vacante por muerte de García de la Huerta.
Deberá el secretario dar las copias correctas, según la ortografía de la lengua castellana aprobada por la academia Española, de todos los papeles que vayan a imprimirse.
Esta superioridad fué la que le traxo á ruegos del Marques de Villena á ser uno de los fundadores de la Real Academia Española, á ocupar la plaza de Bibliotecario mayor de S.
Los guardiaciviles del camino se quedarán atónitos cuando, en mis andaduras por venir, a su pregunta de si llevo o si traigo papeles responda alargándoles una tarjeta en la que, con letra de bulto, se diga: Camilo José Cela, de la Real Academia Española.
En ella nació su hijo el ilustre literato D. Juan de la Pezuela, conde de Cheste y actual director de la Real Academia Española. Bajo el gobierno del marqués de Viluma se implantaron cuatro máquinas a vapor, traídas de Inglaterra, para desaguar las minas del Cerro de Pasco; se recibió una real cédula aboliendo las abusivas mitas, y se experimentó en Lima una epidemia, a la que, por la suma debilidad en que quedaban los convalecientes, bautizó el pueblo con el nombre de Mangajo.