Ejemplos ?
Desde los últimos años 1950 la AET fue implicándose en el emergente movimiento estudiantil antifranquista así como impulsando planteamientos progresistas dentro del carlismo, a través de publicaciones como la revista Azada y Asta (editada en Santander), en la cual en 1961 fue utilizada la fórmula «Monarquía Socialista».
En 1959 José Antonio Pérez España fue elegido nuevo Delegado Nacional de la AET. Por entonces Madrid era el núcleo más fuerte de la AET, pero existía una importante implantación en Zaragoza, Barcelona, Valencia, Pamplona, Santiago de Compostela, Valladolid, Murcia y Oviedo.
El 25 de octubre de 1961 fue celebrado el Consejo Nacional de la AET con la asistencia del príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma, quien presidió el acto y llamó a la juventud carlista a implicarse en la renovación política de España.
En enero de 1935, Francisco de Ozaeta, presidente de la AET de Madrid, comentaba en una entrevista a El Siglo Futuro la labor cultural de la organización, destacando las conferencias y actos de propaganda tradicionalista, además de la reciente incorporación de una biblioteca con cientos de volúmenes sobre cuestiones religiosas, históricas, filosóficas, etc.
Resaltaba asimismo la actividad de la Agrupación Deportiva Tradicionalista (ADT), vinculada a la AET, afirmando haber puesto en marcha gimnasios, boxeo, natación, atletismo, alpinismo, fútbol, remo, tennis, etc., y señalando que los deportistas tradicionalistas eran demostración evidente de que «sólo el tradicionalismo posee esas cualidades supremas de disciplina y fervor que han mantenido erguido nuestro estandarte contra toda clase de maquinaciones y luchas».
Los jóvenes afiliados a la AET protagonizarían en diversas capitales de España actos de protesta contra lo que consideraban desórdenes del régimen republicano, motivando en ocasiones la suspensión de las clases.
Sin embargo, algunas no debieron consolidarse en un principio, ya que, por ejemplo, en 1926 el presidente de la AET de Barcelona recibía una carta de los tradicionalistas de Zaragoza, en la que le pedían datos referentes al funcionamiento de la entidad para constituirla en la capital aragonesa.
Debido a la fuerza del carlismo en Navarra, durante los años 30 fue especialmente importante la AET de Pamplona, que lideraba Jaime del Burgo y que mantuvo posiciones cercanas al llamado Núcleo de la Lealtad auspiciado por el periódico El Cruzado Español.
La AET de Madrid publicó entonces un manifiesto, según el cual los fines de la organización eran, en el orden político, «desterrar de la Universidad toda acción política» (en referencia a la politización de la Universidad por parte de republicanos, socialistas, comunistas, etc.) y, en el orden profesional, «proporcionar cuantos medios son necesarios al estudiante para desarrollar con eficiencia su labor escolar».
En medio de una escalada de atentados y represalias entre izquierdistas, por un lado, y tradicionalistas y falangistas, por el otro, el 11 de marzo de 1936 era asesinado un estudiante afiliado a la AET.
Durante la guerra, la AET permaneció activa en la zona nacional, manifestando su voluntad de restaurar en el «nuevo Estado» la Universidad Tradicional del Siglo de Oro.
En un principio, un sector de la AET se adhirió, como el jefe nacional José María Zaldívar y el jefe provincial de Navarra, Miguel Ángel Astiz.