-ojo

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Sufijo desp. poco us., de algunos sustantivos: ramojo, y adjetivos: añojo.
Ejemplos ?
Lo máximo que podía hacer era echarse de lado en el suelo y mirar el jardin con un solo ojo; entrar en él era ahora más difícil que nunca.
Al alcance de mi mano, como irónica tentación, estaban las riquezas abandonadas, las maravillas de arte que acaso codicié: ningún ojo sino el mío para contemplar los cuadros de Velásquez, las estatuas de Fidias, las cinceladuras de Cellini; y allá en las secretas cajas de los abandonados bancos, ninguna mano sino la mía para hundirse en los montones de billetes y centenes de oro...
Cíclopes era su nombre por eponimia, ya que efectívamente, un solo ojo completamente redondo se hallaba en su frente. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos.
¿Qué va a decir el jefe cuando lo informe de su colección de ratas? Dirá: ojo a la trocha mm...—millón! ¿Y quién la pasa a 113 kilómetros?
-Güeno, tú me puees matar si es tu gusto; pero no por eso dejará de ser una malita faena la que tú te estás cargando con el Chumbera, y lo que yo te digo es que esas cosas tiéen sus quiebras, y que siendo Joseíto tan guasón y tan sin méritos como es, pudiera pasar que a ti se te estragara el gusto y te saliera ese juego por un ojo de la cara.
El maquinista yo sonríe negando suavemente, guiña un ojo al jefe de estación y levanta los dedos movedizos hacia las partes más altas de la atmósfera.
Aquél, según reglas de buena policía debió arrojarse a los perros; pero había tanta escasez de carne y tantos hambrientos en la población, que el señor Juez tuvo a bien hacer ojo lerdo.
El espectáculo que ofrecía entonces era animado y pintoresco aunque reunía todo lo horriblemente feo, inmundo y deforme de una pequeña clase proletaria peculiar del Río de la Plata. Pero para que el lector pueda percibirlo a un golpe de ojo preciso es hacer un croquis de la localidad.
Y la señora Rosario miró a hurtadillas el animado corro de mozas, todas las cuales, sin duda, hubieran dado un ojo de la cara por enterarse de lo que hablaban la señora Rosario la Lechuguina y Dolores la Jarampera.
Antoñuelo el Matraca arrojó una mirada sobre el grupo de hombres de pelo en pecho que presenciaba la subasta en casa del Viruta, y -Camará -dijo con acento un tantico malhumorado-, esto va a ser peor que la toma de los Castíllejos, y esto en que yo me voy a meter me va a salir por un ojo de la cara...
Formaban en la puerta el más grotesco y sobresaliente grupo varios pialadores y enlazadores de a pie con el brazo desnudo y armado del certero lazo, la cabeza cubierta con un pañuelo punzó y chaleco y chiripá colorado, teniendo a sus espaldas varios jinetes y espectadores de ojo escrutador y anhelante.
-dijo un lagarto-. Van ya dos noches que no me dejan pegar un ojo. Lo mismo que cuando me duelen las muelas, pues tampoco entonces puedo dormir.