-ar

-ar

(Del lat. -aris, -e.)
1. suf. Indica condición, relación o pertenencia muscular, nuclear.
2. Indica lugar en que abunda una cosa pinar, melonar.

-ar

(Del lat. -are > -ar.)
suf. Terminación del infinitivo de los verbos de la primera conjugación rezar, cantar.

-ar

 
Sufijo de voces latinas en -aris, -e, como familiar, y de adjetivos y sustantivos romances derivados de nombres. Denota condición o pertenencia: capsular, muscular. Indica, como -al, el lugar en que abunda una cosa: tejar, yesar .
Sufijo de derivación verbal inmediata, procede de la terminación del infinitivo -are > -ar: arañar, alegrar, de araña y alegre.
Traducciones

-ar

to

-ar

å
Ejemplos ?
Siguió desde muy joven la carrera de las ar- mas, y en la lucha contra la invasión francesa tuvo oportu- nidades para distinguirse y adelantar en ascensos.
-Calla, hija, calla, que están los parneses jugando ar pilla pilla y no se lo trompiezan más que los que no los necesitan, y no hay quien tenga ni una púa pa un refresco; como que hay día que llego a mi casa jartica de andar y jartica de darle coba jasta al retrato de Espartero y sin haberme estrenao ni por casolidá tan siquiera.
-Asperaremos que encomience a caer la tarde y yo le llevaré a las ancas jasta la cruz de los Cipreses, y como dende allí ar pueblo no hay más que un tirón...
-Pos yo di er primer jipío en Teba, pero como los que me trujieron ar mundo eran trajinantes, pos trajinando, trajinando, se puée icir que me he criao en las provincias de Jerez, de Graná, de Málaga y de Armería.
-Pos lo que le pasó fue que entre los muchos hombres que le tiraron los chambeles a la Rosarito, uno de ellos, un tal Curro el de Chiclana, que era un chavalillo la mar de gracioso, empezó a ganar terreno, y la Paloma que tenía güen fondo y güena voluntá a su hombre, encomenzó a ponerse cavilosa y a perder la alegría, lo cual hizo que el de la Jalapa empezara a filar más que un lince, y un día ya enteráo de que el chaval y ella estaban a pique de un repique, cogió a la Paloma y se encerró con la Paloma y le dijo a la Paloma: -Mira tú, salero, no te asustes por lo que yo te voy a decir, pero ya estoy enteráo der pe ar pa de que a ti te gusta el de Chiclana y de que el de Chiclana está por tus güesos...
-Sí que se mejoró una miaja, pero apenitas gorvió ar pueblo encomenzó de nuevo a toser, y como yo sé que mi prenda no va a jaser los huesos viejos, y como si ella no los jase viejos, en flor se me van a abitocar a mí los míos...
-No me miente osté ar Muleto tan siquiera, que se me quita er jálito -exclamó el de los albardones, incorporándose como asustado, al oír que podía tropezarse con aquél en su camino-; no me lo miente osté, ¡que me ha puesto osté que me ajogo en una saliva!
-Pos que lo manden ar museo -exclamó Lola interrumpiendo a la amiga con acento colérico-, que yo pa naíta lo necesito, y hazme el favor de dejarme tranquila y vete tú con él a los toros, que yo no quiero ver más corría que la que yo querría ver hoy desde este pícaro tendío.
-Cá, hombre, es que si yo fuera una gachí y una gachí de las de no te menées, ahora mismito te peía yo que me quisieras o que me tiraras a un pozo. -Compare, pos tenga usté la seguriá de que lo tiraba a usté ar pozo.
-Pos endispués y ya a la desesperá er Toneles buscó ar Matita de Poleo, usté lo conoce, un gachó que de bonito que es paece una litografía, y que no puede andar de tonto que es, y al que al criarlo su madre se le orvió darle los apoyos e la vergüenza.
-¡Tú qué has de dirte ar pueblo de esas jechuras! ¿No ves tú que si tú te pusieras más peor y se tuviera que llamar ar méico, er compromiso sería pa nosotros?
En tribulación tamaña no le quedó á la desdichada otro recurso que el de dar aldabonazos á la puerta de la casa ar- zobispal, hasta que alarmado su ilustrísima que, en esos mo- mentos, concluida lá colación chocolatesca, iba á acostarse en el lecho, mandó abrir y que entrase la importuna.