-acho

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-acho

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V Aspects of Word Formation in Spanish 2
Ejemplos ?
La lucha de un oso con un toro no es, como se ha querido sostener, novedad de nuestros días. El 9 de Febrero de 1807 se efectuó por primera vez éste com- bate en el circo de Acho.
Hasta 1860 era costumbre, en Acho, que antes del paseo de la cuadrilla, saliese una compañía de soldados con un escri- bano que, en dos sitios del redondel, daba lectura al bando en que la autoridad imponía penas á los que promoviesen des- órdenes durante la Udia.
No la vi yo, por supuesto, en el pleno ejercicio de sus funciones de capeadora de a caballo; pero en su elogio oí decir a un viejo casi lo mismo que, hablando del torero Casimiro Cajapaico, escribe el señor marqués de Valleumbroso en su libro Escuela de caballería conforme a la práctica observada en Lima : -Esa china merecía estatua en la plaza de Acho.
A San Martín y Bolívar, que no eran taurófilos, no les convenía indisponerse con el pueblo cortando por lo sano, y muy a su pesar toleraron que los veteranos del ejército continuaran exhibiéndose en la plaza de Acho.
Fue el conde de la Vega el primer hombre que en el Perú y a las barbas del virrey tuvo coraje para llamar soberano al pueblo. Dábase una corrida de toros en Acho, y la autoridad había ordenado encerrar un bicho.
Después de esto de la estatua, no hay más que añadir: apaga, y vamonos. El 22 de Abril de 1792 se dio en Acho una corrida á bene- ficio de las benditas almas del Purgatorio.
A la cuadrilla española pertenecía también el diestro ban- derillero Juan Franco, quien, en 1818, murió en Acho, cogido por un toro mientras conversaba descuidado con su querida, que estaba en uno de los cuartos próximos á la barrera.
El artista (y perdón por el dictado) retrataba en esos frescos los tipos más ridículos y populares y la fisonomía de individuos generalmente conocidos por tontos. En los paseos públicos, en las alamedas de Acho y del Callao, también veíanse idénticos cuadros.
No son los doctores precisamente los que imponen tal ó cual vocablo, sino el uso generalizado, y ese generalizador irresis- tible es siempre el pueblo soberano... hasta en la plaza de Acho.
En 1768, don Agustín Hipólito Landáburu, terminó como empresario la fábrica de una plaza para las lidias de toros, en los terrenos denominados de Hacho y que, andando los años, perdieron una letra, convirtiéndose en Acho.
Pero como todo tiene fin sobre la tierra, los lauros de Juana Breña encontraron al cabo su Waterloo en la misma plaza de Acho, testigo de sus proezas.
En la construcción de la plaza empleó tres aflos, é invirtió cerca de cien mil pesos, debiendo, después de llenadas ciertas cláusulas del contrato, las que especifica Fuentes en su Esta- dística de Lima, pasar el edificio á ser propiedad de la Benefi- cencia, que desde 1827 lo administra. La plaza de Acho ocupa más espacio que el mejor circo de España, y puede admitir cómodamente 10,000 espectado- res.