Águilas

Águilas

 
Mun. de la prov. española de Murcia; 26 773 h. Puerto y astilleros.
Ejemplos ?
El síntoma de los valores máximos es la ilimitación Hace poco tiempo — una tarde de primavera, caminando por una galiana de Extremadura, en un ancho paisaje de olivos, a quien daba unción dramática el vuelo solemne de unas águilas, y, al fondo, el azul encorvamiento de la sierra de Gata —, quiso Pío Baroja, mi entrañable amigo, convencerme de que admiramos sólo lo que no comprendemos, que la admiración es efecto de la incomprensión.
Ni es juicio equitativo ni proceder hidalgo: del siglo en el criterio es ruin tal estrechez; los cazadores de águilas no cazan nunca moscas, nadie es más grande al grande por empequeñecer, y a los que ya los pueblos han puesto en pedestales, ya en alto al sol y al aire o a sombra de dosel, de lejos y de abajo a arriba hay que mirarles y no se les ven nunca las pecas de la tez.
No permitas que te ensalcen en exceso ni ensanches tu rostro; no te ensoberbezcas como si estuvieras triunfando en un escenario; cual águilas y tigres victoriosos, como si estuvieras luciendo un escudo, como si todo el escudo de HUITZILOPOCHTLI, estuviera en tus manos.
Es su natural oficio sacarse del pecho las águilas que en él les nacen sin cesar, –como brota perfumes una rosa, y da conchas la mar y luz el sol, –y sentarse, a par que con sonidos misteriosos acompañan en su lira a las viajeras, a ver volar las águilas:–pero ahora el poeta ha mudado de labor, y anda ahogando águilas.
Y veo águilas y veo tigres y veo la felicidad del triunfo y sin embargo me pongo triste cuando pienso que tendré que abandonar la amistad, aquí, en la tierra donde se persevera, donde se lucha para que exista.
Lentamente hizo ofrenda de flores y plumas al TLOQUE NAHUAQUE. Pone los escudos de las águilas en los brazos de los hombres, Allá donde ardía la guerra creadora de amistad y unión.
Desmayan y se fatigan en vano; retroceden, se revuelcan en tierra hombres y caballos, y las águilas altivas humillan el vuelo raudo ensangrentadas sus plumas, hasta perderse en el fango.
¡Poetas! Esos humanos que de tanto sentir se transforman en cantos y en flores, en mariposas y en águilas, en océanos y estrellas.
Jadeante esperaba una cruel secuela, cuando brotaron de entre los árboles muchos gansos grises que irritados se acercaron a mí, graznando e intentando mordisquearme; luego emergieron de las nubes, muchas águilas blancas que se dirigieron a picotearme, como si atacaran a un gusano; más tarde arribaron tantos gavilanes y halcones cafés que el cielo oscureció mucho más la penumbra en la que se encontraba y entre todos me gritaron: —¡En unos momentos la emperatriz llegará, y en medio de mil tormentos te castigará!
Fue en este año en que terminó el desfile de los explotadores y aventureros extranjeros, que llegaron a nuestras tierras, como águilas en ayunas, buscando por sobre las rendijas de las rocas auríferas, las pepitas doradas para saciar su ambición de siglos.
Presentí entonces el fin de la guerra, y contemplando aquellas cumbres adustas de donde bajaban las águilas y las traiciones, recordé las palabras de la Señora: ¡Bradomín, que no se diga de los caballeros españoles, que habéis ido a lejanas tierras en busca de una princesa, para vestirla de luto!
Y las milpas y sus mazorcas: y los magueyes y su aguamiel; y los venados y los conejos y las águilas, y también los tigres ocelotes y las serpientes; y los quetzales y los papagayos y los cenzontles.