¡silencio!

¡silencio!


interjección
se usa para pedir a alguien que no hable o haga ruido ¡Silencio! Nos gritó la profesora.
Traducciones

¡silencio!

silence
Ejemplos ?
-gritó García de Paredes con tal voz, con tal actitud, con tal fisonomía, que, unido este grito a la inmovilidad y silencio de los veinte franceses, impuso frío terror a la muchedumbre, la cual no se esperaba aquel tranquilo y lúgubre recibimiento.
—Mejor será la mazorca. —Silencio y sentarse —exclamó el Juez dejándose caer sobre su sillón. Todos obedecieron, mientras el joven de pie encarando al juez exclamó con voz preñada de indignación.
—Este es incorregible. —Ya lo domaremos. —Silencio —dijo el juez—, ya estás afeitado a la federala, sólo te falta el bigote. Cuidado con olvidarlo.
Mas mi amo les fue a la mano y mandó a todos que so pena de excomunión no le estorbasen, mas que le dejasen decir todo lo que quisiese. Y ansí, el también tuvo silencio, mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho.
El resto de la frase se perdió en la distancia, y así quedó todo por algunos minutos, hasta que sonaron otra vez pasos, y oyóse al mismo hombre que decía, como despidiéndose: Celebraré que usted se mejore y tranquilice...; y a doña Teresa que contestaba: Pierda usted cuidado..., después de lo cual volvió a sentirse abrir y cerrar la puerta y reinó en la casa profundo silencio.
La joven se llevó un dedo a los labios recomendándole que guardara silencio; pero a la viuda le había sentado muy mal la segunda palabra de aquella interrogación, y apresuróse a responder: -Está usted en un lugar honesto o sea en la casa de la Generala Barbastro, Condesa de Santurce, servidora usted.
Entre el silencio repentino de la adoración, se alzó un canto celeste, sostenido por los registros más delicados del magnífico órgano eléctrico, oculto en la sala contigua.
¿Que somos en el día de hoy? Me parece que la mejor respuesta es el silencio. Y sería bien triste por cierto que nos consoláramos de la pérdida de nuestro puesto preferente, con el poder militar, como se consolaban con su espada y sus pergaminos los incapaces que se veían desalojados por la actividad de los hombres de iniciativa y de trabajo.
—Se cortó el lazo —gritaron unos—: ¡allá va el toro! Pero otros deslumbrados y atónitos guardaron silencio porque todo fue como un relámpago.
Cerré, pues, nuevamente en silencio la puerta acristalada y volví a mi casa, con la firme decisión –desdeñando el ejemplo y lo que me pudiera suceder–, de no hacer negocios nunca más.
– Es su capucha la que tapona sus oídos; usted no está acostumbrado a la máscara –pensaba en voz alta De Jacquels, que había penetrado mi silencio–: Tenía pues, aquella noche, el poder de adivinar, y levantando mi dominó se aseguraba de la finura de mis medias de seda y de mi ligero calzado.
Un largo rato nos miramos; una eternidad de silencio, durante el cual el recuerdo galopó hacia atrás entre derrumbamiento de nieve y caras agónicas.