Ejemplos ?
Dígame usted, señora Teresa: ¿está mala acaso la joven princesa de Santurce? Todo esto si se dirigía a la madre, y, si era la gallega, decíale con mayor furia: -¡Oye y entiende, monstruo de Mondoñedo!
Si el príncipe no sabe por muchos, muchos son los que le engañan; pues quien juzga por lo que oye, y no por lo que entiende, es oreja y no juez.
-Pos mismamente por eso he vinío yo, poique hier tarde, estando yo en la recoba, me dijo Joseíto el Cabritero: «Oye tú, Enrique -poique el Cabritero y yo nos hablamos de tú, poique semos mu amigos y además cuasi parientes, porque una hermana de él, Rosita la Buñolera, está casá con un primo hermano mío que tiée una tocinería en el barrio de la Goleta; por cierto que es un mozo de una vez, uno de los que quitan el hipo.
- ¿Qué hora es? -preguntó el boticario con suma tranquilidad. - Las once. Pero ¿no oye usted que entran? - ¡Déjalos! Ya es hora. - ¡Hora!...
-¡Juntos! -respondió lúgubremente la guipuzcoana-. ¿Pues no oye usted que me estoy muriendo? ¿No lo ve usted? ¿Cree usted que yo le hubiera hablado de mis apuros pecuniarios, a no estar segura de que dentro de pocas horas me habré muerto?
La frente de Joseíto se frunció de modo amenazador; todos los músculos de su rostro se contrajeron; se crisparon sus manos, y -Oye tú, ¿es que te ha tocao la lotería?
Segunda cosa: van a mandar un bando que te voy a hacer llegar allá para que se lo tires a los extranjeros que están en situación ilegal, o bien legal pero que tienen que presentarse en las comisarías... A la prensa, no. Oye, aló, aló, ninguna circulación de prensa por el momento, viejo.
Lo juro por esta santa medalla que mi madre llevó siempre al cuello... Lo juro por... ¡Pero usted no me oye!... ¡Usted no me contesta!
Y tan no les tengo mala voluntá que yo, que no me los he trompezao entoavía, si me los trompezara ahora mismo, pongo por caso, y yo hubiera visto como he visto a los del tricornio, les diría: «Oye tú, Muleto, y oye tú, Niño, a ver si sus largáis de aquí, que sus va a goler la cabeza a pórvora y sería un contra Dios que sus pasara cosa de tan mal arate.» Y al decir esto sonrió irónicamente el viejo, mirando con ojos radiantes de malicia a los para él, sin duda, desconocidos.
-Oye tú, Lola: sabes tú que me va pareciendo a mí que no te va gustando que yo le jeche los cuatro piropos que se merece al Chumbera, y que si hoy tiées tú armá en corso esa carita graciosa, tal vez sea porque el mozo no ha vinío entoavía, porque se le haigan pegao las sábanas, u haiga perdío el tren, u le haiga sentao mal el desayuno.
Asín es que como el colmenero que yo igo está una miajita asoliviantao con el zagal de ostés, y ella está pa él más dura que una jerriza, pos lo que yo me dije esta mañana, que me dije: «Oye tú...
Encontróse con un ama que llevaba un niño: -Oye, nodriza -le preguntó-, ¿qué es aquel castillo tan grande, junto a la ciudad, con ventanas tan altas?