¡ostras!

¡ostras!

 
interj. Denota admiración o sorpresa ante una situación.
Ejemplos ?
Ayer por la tarde, porque le pidieron sus hijos dos peniques para caramelos de limón, amenazó con un cuchillo de ostras a los dos mellizos.
Es más, un periódico muy grande, a quien perseguía mucho el Gobierno por avanzado, publicaba artículos satíricos contra los ostras que creían en la psicología vulgar, y los equiparaba a los reaccionarios políticos.
Si se trataba de dejarlos como Dios les crió, con todos sus encantos naturales, sabiendo a los misterios del Océano, doña Tula conservaba el aroma de la frescura, el encanto salobre con gracia y coquetería, sin menoscabo de los fueros de la limpieza; pero si le era lícito entregarse a los bordados culinarios del idealismo gastronómico, hacía de unas almejas, de unas ostras, de unos percebes o de unos calamares platos exquisitos, que parecían orgías enteras en un bocado, incentivos y voluptuosos de la pasión más lírica y ardiente...
Yo creo que es porque... estas ostras son perfectas..., pero no las han abierto nunca. En efecto, no las habían abierto nunca; y nosotros no teníamos cuchillo para ostras; además no hubiéramos sabido utilizarlo; por lo tanto, miramos las ostras mientras nos comíamos el cordero; al menos nos comimos todo lo que estaba cocido.
Uniéndome a aquellos grupos vi mujeres que se asustaban y lloraban porque sus maridos estaban en la pesca del arenque y de ostras, y pensaban, con razón, que los botes podían haberse ido a pique antes de encontrar puerto.
Paquito está sentado a tu frente 1, riéndose a carcajadas de tus apuros; tú también te ríes enseguida, porque son «cosas de don Paco». Te pones a almorzar, y él siempre a tu lado te echa pimienta en el dulce y azúcar en las ostras.
Se dice que las ostras tienen dos sentidos, los topos cuatro, y cinco los demas animales como el hombre: algunas personas han admitido un sesto sentido; pero es evidente que la sensacion voluptuosa, de que quieren hablar, se reduce al sentido del tacto, y que cinco sentidos son nuestro patrimonio.
Sólo hay un Hipocampo, es decir, sólo hay una familia de Hipocampos. Se encuentran en el fondo del mar toda clase de seres; verdaderos ejércitos de ostras, campas, anguilas, tortugas...
Pronto se van a servir ostras, cecina, rayas, lampreas, sesos en salsa picante, silfio, puerros empapados en miel, tordos, mirlos, palominos torcaces, palomas, crestas de gallo asadas, chochas, pichones, liebres cocidas en arrope y sustancia de alones.
No me agradarían más las ostras del Lucrino, el escaro ni el rodaballo, si la borrasca movida por el Levante los dirige a nuestros mares; ni la gallina de África o el francolín de Jonia serían recibidos con más placer en mi vientre que la aceituna cogida de las ramas rebosantes, la hierba del lampazo que crían las praderas, las malvas tan saludables al cuerpo enfermo, la cordera sacrificada al dios Término y el cabrito arrancado a los dientes del lobo.
¿Acaso fuera más dichoso si juntara en su vientre los peces de remotas riberas y las peregrinas cazas, y si despertara la detención del estómago, ganoso de vomitar con las ostras de entrambos mares, superior e inferior?
La constancia es el recurso de los feos», dice la célebre Ninón de Lenclós en sus lindas cartas al marqués de Sevigné; las personas de mérito, que saben que dondequiera han de encontrar ojos que se prenden de ellas, no se curan de conservar la prenda conquistada; los feos, los necios, los que viven seguros de que difícilmente podrán encontrar quien llene el vacío de su corazón, se adhieren al amor, que una vez por acaso encontraron, como las ostras a las peñas que en el mar las sostienen y alimentan.