¡narices!

¡narices!

 
Interjección con que se denota desaprobación o negación.
Ejemplos ?
El viento vino pesado y un tanto sordo. Un soplo astringente nos dio en las narices y en los ojos. Era el aroma del cañaveral sagrado.
El agua hedía de un modo insoportable, y los hombres tuvieron que taparse las narices con sus pañuelos para poder terminar la tarea.
No es de extrañar que don Cipriano saliese hacia Proenza de humor perruno, al paso que su hija Ermitas iba jubilosa, a lomos de su pollina gris enjamugada de terciopelo granate y con frontelera de lucios cascabeles. Ermitas se reía en las narices de Carmelo, al mirarle tan cariacontecido.
Abrió al fin, y entró en su casa con llavín de que él se sirve, Acostóse, y rebujándose la ropa hasta las narices, apagó la luz, diciendo: «Pues señor, bien; muchas hice, mas, ¡vive Dios, que esta última será tal que me acredite!» Aún no cuenta Margarita, diecisiete primaveras.
Pase por esta vez, pero que no se repita. Este milagro hizo en Lima más ruido que una banda de tambores, y fué más sonado que las narices.
Los amos tienen almacenes con todo lo necesario para vivir largo tiempo, hasta que los esclavos diezmados por el hambre vuelvan a reanudar sus tareas para llevar a los almacenes lo que sus amos han consumido durante el paro; los amos tienen automóviles para ir a donde les plazca y dejar a sus siervos desobedientes con un palmo de narices en la disyuntiva de reventar de hambre en pocas horas o de reventar de fatiga en algunos días; los amos se ríen de las huelgas porque el mayor daño que pueden recibir es paralizar el aumento de sus riquezas por un cierto tiempo, para resarcirse con creces al volver sus explotados arrepentidos y escarmentados; los amos son invulnerables a la miserable arma de la huelga.
"Atribuí su silencio a que estaba fatigado, como yo también comenzaba a estarlo de caminar continuamente sobre una crujiente alfombra de hojas secas o podridas, cuyos vahos penetraban por las narices hasta martillear su neuralgia en las sienes.
Entonces un torrente de sangre brotó borbolloneando de la boca y las narices del joven, y extendiéndose empezó a caer a chorros por entrambos lados de la mesa.
-Pos bien -continuó Currita con voz risueña-, viendo el Toneles que no hacía caso empezó a trabajar con las de Caín, y me sortó tres o cuatro palomos de los de mejor casta der barrio, y yo, que me comí la partía, empecé a repicar a quéa, y la de los Chícharos me regaló un par de botas a la Imperiala y un corte de vestío y dos pares de enaguas blancas que, de finas que son, paecen de tó menos de muselina morena. -Como que sabe más ésa sin narices que toítos los narigones.
Nunca creyó probable o posible que el ministro hubiera dejado la carta inmediatamente debajo de las narices de todo el mundo, a fin de impedir que una parte de ese mundo pudiera verla.
Quiero recordar un poco aquella hora inmortal entre mis horas buenas: Sobre la sabana los cocuyos eran más que en el cielo las estrellas, no había luna, pero estaba claro todo, no sé si eras mi alma que alumbraba a la noche o la noche que la alumbraba a ella; estábamos ceñidos y hablábamos y el beso y la palabra estaban empapados de promesas y un soplo de mastranto ponía en las narices ese amor primitivo del caballo y la yegua.
Sus ojos vidriosos y enrojecidos me miraban con lóbrega atención; sus largas y puntiagudas narices me olfateaban y sus cadavéricas manos de afilados dedos y agudas uñas, me tocaban con deleite y murmuraban gruñidos como comentando.