¡naranjas!

¡naranjas!

 
Interjección con que se denota asombro, extrañeza o desahogo.
Nones; también ¡naranjas de la China!
Ejemplos ?
por larga; pero ello no obstó para que, ven- diendo naranjas, chirimoyas y aguacates, adquiriese un decente caudalito y, con él, prestigio bastante para elevarse á la al- tura de regidor en el Cabildo de su pueblo.
- Lo mismo que su merced; reírse a todo trapo. - ¿Y tú? - Yo, señorico, me reía también; pero me corrían por las patillas lagrimones como naranjas. - Continúa.
Se trajeron a Arequipa algunas piedras, y eran las mayores pómez, del tamaño de un adobe, y las menores como naranjas, el color negro y vetadas como metal y pesadas.
Primeramente, en la base, había un cuadrado de cartón azul que figuraba un templo con pórticos, columnatas y estatuillas de estuco todo alrededor, en hornacinas consteladas de estrellas de papel dorado; después, en el segundo piso, se erguía un torreón en bizcocho de Saboya, rodeado de pequeñas fortificaciones de angélica, almendras, uvas pasas, cuarterones de naranjas; y, finalmente, en la plataforma superior, que era una pradera verde donde había rocas con lagos de confituras y barcos de cáscaras de avellanas, se veía un Amorcillo balanceándose en un columpio de chocolate, cuyos dos postes terminaban en dos capullos naturales, a modo de bolas, en la punta.
Hasta el vértice de aquella pajiza techumbre llegan las guaduas que se cruzan en arcos ojivales; más abajo se entrelazan los chusques, formando tupida, erizada bóveda de verdura; cuelgan de las vigas racimos dorados de plátano guineo, gajos descomunales y artificiosos de naranjas y enormes ramos de espigas rojas de cardo y de flor de uvito...
La prometida carta de Peggotty (¡qué carta tan alegre y animadora era!) llegó en las primeras semanas del semestre, y con ella un bizcocho perfectamente rodeado de naranjas y con dos botellas de vellorita.
Gran parte de los productos que consume, de procedencia serrana, le llegan de Cuenca y Loja. Al Perú exporta guineo, naranjas y cacao entre otros productos.
¿por qué corre el gamo? -les he respondido yo-; y ¿por qué se dan los dátiles en Berbería, y las naranjas en Murcia, y el arroz en Valencia?
Mas, apenas habían comenzado a dar asalto a las naranjas, cuando les dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta.
La norteamericana había olvidado su sangrienta ración de carne semicruda y no comía más que buñuelos, naranjas, churros, bocas y boquerones.
La Cenicienta fue a sentarse al lado de sus hermanas, con quienes mostrose muy amable, dándoles naranjas y limones de los que el príncipe le había ofrecido, lo que las admiró mucho, porque no la conocieron.
Pálido y frío estaba en su cama de randas y colgaduras el emperador, y los mandarines todos lo daban por muerto, y se pasaban el día dando las tres vueltas con los brazos abiertos, delante del que debía subir al trono. Comían muchas naranjas, y bebían té con limón.