Ejemplos ?
Sucedió, pues, que entre muchos que de mi fama incitados contestar con mi persona intentaban mis aplausos llegó acaso a verme —¡Ay cielos!, ¿cómo permitís tiranos..
540 sin crédito, sin honor, sin consuelo, sin descanso, sin aliento, sin alivio, y finalmente esperando la ejecución de mi muerte en la sentencia de Carlos. Ana: (Aparte). (¡Cielos! ¿qué es esto que escucho?
No puedes menos; esta ha sido pena De que orgulloso dije muchas veces: “Es imposible que el amor tirano Mi alma sujete” O algún delito pago en este estado; Pues de otro modo mi razón no entiende Que yo padezca, que librarme pueda, Y no lo intente. Cambiad ¡oh cielos!
Tu escuchas al posar tu planta junto a mí la voz de mi esperanza suspirar. Las flores que semejan de los cielos el tapiz no tienen de tus labios el aroma ni el matiz...
Y había visto algo que se alzaba débilmente para hundirse de nuevo en el lugar desde el cual el informe horror había salido disparado hacia el cielo. Era solamente un color..., aunque no era ningún color de nuestra tierra ni de los cielos.
La noticia llegó a los cielos con la rapidez del rayo de Zeus, quien se despertó en su cunita de anciano furioso porque no lo dejaban permanecer en su sueño eterno desde que el tierno de Joshua le había dado su lección de amor y paz.
y que reconociendo todos su verdadera maternidad, todos se sientan hermanos en Jesucristo, hijos de un mismo Padre que está en los cielos, que pueden y quieren vivir en paz para dar al mundo, agitado por el odio y por la violencia, el ejemplo de una nación que sabe gozar de los beneficios de la fraternidad cristiana» (A.A.S.
Escuadras de níquel juntan los picos en su costado. Una custodia reluce sobre los cielos quemados, entre gargantas de arroyo y ruiseñores en ramos.
Por temor de que su dulce alma, en su alegría religiosa, pudiera captar las notas, cuando flotan hacia arriba, desde la tierra maldita, hacia los amigos de arriba, desde los amigos de abajo, escapa el espíritu indignado, huyendo del infierno, hacia el cielo, dejando los lamentos y los llantos, por un trono dorado, al lado del Rey de los cielos." Nota: Otra versión: "Y deja que el rito fúnebre se lea - la canción funesta se cante - un himno fúnebre para la muerta más hermosa que muriese alguna vez tan jóven!
No, él no podía continuar más tiempo sin ver a Rosalía; él había esperado que ésta, al enterarse de que él no podía ir a verla, hubiera ido en su busca, y si no lo había hecho ya, era seguramente porque algo muy grande se lo impedía; porque estaba peor, sin duda, y si ella estaba peor... ¡Dios de los cielos!
El murmullo que producían las diversas conversaciones se agrandaban en estruendoso impulso, como si hubiera deseado desgarrar los techos y escapar hasta los cielos en súplica dolorida, en sollozante desconsuelo, en lastimero ruego...
un ser... ...tan nuestro como cada día santificado... ...sin estar en los cielos ni en la tierra... ...sin hacerse aún su voluntad.