Ejemplos ?
-Hombre, ¿cómo pueden ustedes vivir en esta guardilla tan reducida, tan negra, tan oscura, tan nauseabunda?... -¡Carape! ¡No diga usted eso, señor don Juan!
-Ea -dijo don Juan, después que saborearon el café y purearon en grande-, ahora nos vamos a oír un poquito de música y canto. -¡Bien, carape!
-Esta noche -dijo don Juan al subir a la carretela- tenemos que hacerla redonda. -¡Carape! ¿Más redonda aún quiere usted que la hagamos, señor don Juan?
Nadie mejor maestro que Perico para darme lecciones de cómo he de vivir y quisiera que dedicase todo el día de mañana a dármelas. -¡Carape!
-Sí que lo son, hombre. -Pues yo le digo a usted que aún nos sobra dinero. Y si no ¡carape! echemos la cuenta. Real y medio la casa...
¡Pues no digo nada de la camita esa!... ¡Carape, si se dormirá bien en ella! Si aquélla y yo tuviéramos una así, ¡cómo nos regodearíamos en ella!
-Será lo que ustedes quieran; pero lo que parece mentira es que estén ustedes siempre tan alegres y con tanta gana de cantar. -¡Carape!
Don Juan vivía en la calle de Atocha, en un palacio cuyo lujo y comodidades eran el presulta del lujo y la comodidad (como decía Perico, el zapatero remendón de la guardilla de enfrente, llamado por mal nombre Carape, que entendía de latín tanto como yo); sus coches y caballos valían un dineral; en su mesa se servían hasta en día de trabajo los manjares más ricos que Dios crió o inventaron los hombres, y, por último, las chicas más, guapas que paseaban por Madrid se despepitaban por don Juan.
-Pero al menos, convendrán ustedes en que los muebles... ¡Carape! Don Juan, de los muebles no hablemos, porque eso sí, son pobres como nosotros, pero en cuanto a cómodos y de buen ver, ni la reina con ser reina los tiene mejores.
-Así es ella. -¡Carape! Don Juan, no volvamos a lo de la casa, que vale cualquier dinero. Cinco cuartos una cajetilla de tabaco que me fumo yo al día...
-Será todo lo que usted quiera, pero con dos pesetas... -Con dos pesetas, señor don Juan, nos sobra a nosotros dinero; y si no ¡carape!
-Un día con otro, lo que ganamos entre los dos no baja de dos pesetas como dos soles. -Hombre, ¡qué miseria! -¡Carape! Don Juan, usted por fuerza tiene gana de chunga.