Ejemplos ?
-¿Y qué ha con conseguío con ponerle a su gachí, sin que ésta le haiga faltao, una alcancía en la carita gitana?, ¿y qué ha conseguío con poner al Carambuco goliendo a algodones fenicáos? -Pos aliviarse de la bilis -le repuso el de los Caracoles encogiéndose de hombros.
Ya se disponía a llamarlo bruto de nuevo el señor Curro cuando el Chivati, que no había despegado hasta entonces sus labios, dijo incorporándose y dirigiéndose al de los Caracoles: -Camará, ¡y quién eres tú!, el señor Curro tiée más razón que naide; lo que ha jecho el Tobi no se jace más que cuando las cosas no tiéen compostura, y lo que el Tobi debió jacer fue lo que jizo mi compadre el de Tebas, Toñico el de la Jalapa.
-¡Por vía del de la Jalapa, chavó!, eso se llama tener luz en la pupila. -Pero es que pa jacer eso se necesita tener agüita clara en las venas -exclamó el de los Caracoles con acento de protesta.
El Caracoles se incorporó bruscamente y miró un punto con amenazadora expresión al señor Curro, el cual tras sostener su mirada con expresión sonriente, le dijo con acento irónico: -Hombre, siéntate y no me mires asín o te siento yo de un guantazo.
Paseó sus ojos el de los Caracoles por el pelo blanquísimo, por el semblante rugoso y por el cuerpo escuálido del señor Curro y tras un breve silencio se encogió de hombros y murmuró sentándose de nuevo: -Pos me sentaré, porque, la verdá es que si se le pone a usté en la cabeza darme el guantazo me lo da, y si me da usté...
Ni un día dejó de encaramarse al árbol, para contemplar el cestillo donde palpitaban las crías, bien ajenas de que eran presa declarada para aquel conquistador de ojos azules y cabellos rubios, que el aire peinaba en caracoles.
Cubrieron sus piernas con hojas de malva; pusiéronse corazas de verdes y hermosas acelgas, transformaron hábilmente en escudos unas hojas de col; tomaron a guisa de lanza sendos juncos, largos y punzantes; y cubrieron su cabeza con yelmos que eran conchas de tenues caracoles.
Y, estando en sus caracoles y rodeos, llegaron dos hombres de buen talle y de mejor ropaje, y el uno dijo: ¡Vive Dios, que éste es Piedehierro, mi caballo, que ha pocos días que me le hurtaron en Antequera!
Casi estaba en cueritos: tan solamente llevaba de la cinta p'abajo un faldellín coposo di un jeme di ancho, di un trapo qui unas veces era di oro y otras veces era de plata, flequiao de por abajo y con unos caracoles y unas figuras de la pura perlería.
Pero en el jardín brotaban los rosales nuevos, y los nuevos caracoles se arrastraban dentro de sus casas y escupían al mundo, que no significaba nada para ellos.
¡Y cuenta si sabía garbear! Caracoles rasgueaba, al arrancar mayúsculas, que parecían cachumbos de vitoriera; palos y rabillos más eran cosa de dibujo, y su rúbrica, la de Pilatos pintiparada.
-Pos esa armaciga es la novia de su sobrino de usté, el que está sirviendo al rey en Cáiz, y ese proigio me ha dicho: «Oiga usté, señó Manué: usté isimule si lo he mandao llamar, pero como yo sé que usté es carne y uñita del Caracoles...