Ejemplos ?
-Pos mira tú, Rosario, tan y mientras viene tu madre voy a llegarme yo a ca de la señá Paca, y ahí dejo ese lío y lo recogeré a la vuelta.
-¿De quién querrás tú que sean, guasón? De la señá Rosalía la vendeora, que las ha dejao aquí tan y mientras va a ca de la señá Paca, la tocinera de la esquina.
y dígame usté cómo andan mis zapatos. -¡Sin tacones entoavía! -No le saliera a usté un cangro en ca coyuntura, so ladrón... Tres días y pico pa unos tacones.
-Sí que le viene de casta, que por algo dicía toíto er mundo que mi hombre, al que Dios haiga recogío en su seno, tenía en ca articulación un catedrático.
Y asín diban corriendo los días, cuando una noche el Chiquito, al que por horas y a to vapor se le diba repudriendo la sangre al ver cómo la Picúa encomenzaba a dejar su querencia por la del otro, y ya cansao de nunca poer empitonar bien al del Altozano, se metió una noche en la posá del Tomillares y encomenzó a jugar, como el chaveíta lo sabía jacer, como si ca chusco de los que ponía fuese un güeso de aceituna.
-Está bien -repúsole con expresión complacida el ventorrillero al ver honrada su casa por tres de los de más fama de los hombres garbosos de la capital, y después continuó: -Pos a servir a esos tres patriarcas como si ca uno de ellos me fuera a dejar al morir una renta vitalicia.
Y, sigún me contó a mí mi pairino, el señor Toño el Clavija, al que ustés conocerán porque es más conocío que la ruá y tiée un puesto de berza pela por medio con el de Antoñico el Cerrojazo, que tamién se las trae, poique ese Cerrojazo fue el que mató a Toñico el Cardenales en la calle de la Armona, que ustés oirían contar la faena poique la cosa dio mucho ruío y con razón, poique el Cardenales la pintaba de retaco sin seguro y además le había dao mucho cartel el haberle quitao como le quitó a un tal don Curro la jembra que tenía, que, según cuentan, era un monumento de bonita, con ca ojo como un tazón y con una mata de pelo más larga que una maroma...
Durante algunos instantes permanecieron en silencio ambos amigos, silencio que fue el primero en romper el Muñequero: -Pos mira: lo mejor que hacemos es agüecar el ala y dirnos a ca del Frescales a tomarnos dos chatos del de los Moriles, que nos caerán la mar de requetebién, porque es que yo no he visto bálsamo más archisuperior pa cuando uno tiée pintaos al negro humo toítos los interiores.
Usté tiée una hija que es er delirio y yo tengo veinte y tres años, soy güérfano de padre y madre, no tengo oficio, pero si tengo un cortijo que me renta tres mil púas y la mar de codornices, y además jace cosa de dos meses tuve la desgracia o la fortuna de trompezarme en ca de la Llorona a su hija de usté, y desde punto y hora en que la vi se me aflojaron las coyunturas y me quedé tonto, pero que tonto der to, y como ya jace dos meses que no vivo, y como yo voy por la de en medio, pos esta mañana que me alevanté trempano me dije yo mirando hacia el suelo y rascándome el cogote: «Esto no puée seguir asín, Antoñuelo.
eunidos en el patio de la casa, que inundaba la luna con sus argentados resplandores y una frondosísima dama de noche llenaba de cálidos perfumes, charlaban animadamente varios de los más caracterizados prohombres del barrio, entre los cuales oficiaba de pontífice máximo el señor Curro el Cotufas -decano de la gente de ácana del distrito-, un casi ochentón de tez rugosa y pelo blanquísimo, el cual en los momentos en que lo sacamos a escena decía a los que lo rodeaban: -Lo que yo sus digo, caballeros, es que lo que ha hecho el Tobi con su chanelo con Joseíto el Carambuco está pidiendo a voces que lo manden no a Ceuta ni a Melilla, ni al Peñón, sino a ca del veterinario a que le ponga dos pares de calzapollos.
Dolores, que no tenía seguramente mal corazón, tornó a ocultar el pie bajo la falda, y continuó: -Pos sí, esta noche hay una miajita de argo en ca de la Tururú en celebración de su empalme con Joseíto el Azúcar.
Pos de un mo mu sensillo: como yo sabía eso del Tomatera, pos antes de venir aquí me fui en busca suya, y me lo trompezé en ca der Cotufas y mos fuimos solitos a la Escollera, y ya en la Escollera le pedí por Dios y por su Santísima Madre que puesto que su hija de usté no le tiée voluntad y no es usté, cuando ella se case, el que tiée que oírlo espertorar por las mañanas, pos le peí que me dejara libre el campo, eso es....