¡cáscaras!

¡cáscaras!

 
interj. Denota sorpresa o admiración.
Ejemplos ?
Los que amáis el valor y el ardimiento, y despreciáis toda alma humilde y flaca, vedle tras tanto y tanto sufrimiento arrojado en la jaula de una urraca, y a millones de piojos dar sustento, y, por yerba, pisar inmunda caca; vedle, por fin, con noble continente dando la vida sin doblar la frente. ¡Cáscaras!
Como esta cuenta era difícil y daría lugar á abusos, se prohibió en Cabildo de 28 de Enero de 1527 «vender cacao por cuenta, salvo por medida sellada con el sello de la ciudad, é colmada;» aunque años después prevaleció otra opinión y en 24 de Octubre de 1536 se mandó vender contado «é no de otra manera.» Los indios falsificaban esa moneda, llenando las cáscaras vacías con greda, y en 1537 enviaba D.
en su queja a Gasendo en 1645, donde refiere, que en el convento de san Francisco de Antibo, ni los frailes sacerdotes ni el guardián iban al coro el día de inocentes: los frailes legos ocupaban sus sillas en aquel día, y hacían una especie de oficio, vestidos con los ornamentos sacerdotales desgarrados y puestos al revés: lo mismo tenían los libros haciendo que leían con anteojos hechos de cáscaras de naranja, y diciendo palabras sin orden, dando gritos y haciendo contorsiones extravagantes.
¿O para acumular riquezas mundanas y fama o libertad con las cuales proyectar una falsa imagen como si fuéramos sólo cáscaras y conchas sin médula o sustancia viva en su interior?
Si a una mujer (¡Santa Mónica!) En sitio público (¡cáscaras!) Diriges seña lacónica, Se quedará como en máscaras, Tendrá por risa sardónica, Por amenaza satánica, La seña amante y volcánica, Y te tendrá por un tábano, Que con torpeza mecánica No quiere soltar el rábano.
No era por entonces, como lo es ahora, el Cabildo o Ayuntamiento muy cuidadoso de la policía o aseo de las calles, y el vecindario arrojaba sin pizca de escrúpulo, en las aceras, cáscaras de plátano, de chirimoya y otras inmundicias; nadie estaba libre de un resbalón.
dijo el gladiador cautivo (y esto en parla galluna vale un terno); ¡Cáscaras! repitió, y en el altivo semblante le asomó todo un infierno.
Otros, en fin, se han acomodado en los pétalos de una gigantesca chumbera, o en formaciones semejantes a nidos o avisperos coniformes (que flotan en parte en el agua), en conchas, cáscaras de coco, cilindros de cristal, garitas, y hasta en cuevas subterráneas, semejantes a los escondrijos de los grillos.
La pobre madre fue a aconsejarse de su vecina, la que la dijo que debía llevar el monstruo a la cocina, ponerle junto al fogón, encender lumbre a su lado, hacer hervir agua en dos cáscaras de huevo y que esto haría reír al monstruo, y si se reía una vez se vería obligado a marcharse.
A la mañana siguiente, al apuntar el día, cuando todos dormían aun, despertó el gallo a la gallina y rompiendo el huevo a picotazos, se lo comieron entre los dos y echaron las cáscaras en la ceniza; fueron en seguida a coger la aguja, que dormía profundamente, y tomándola por el ojo, la pusieron en el sillón del posadero, haciendo lo mismo con el alfiler que prendieron en la toalla, después se salieron volando por la ventana.
Sepa usted que en mi pueblo se pirran por esto desde que la sobrina del cura llevó de aquí una peregrina de cáscaras, con su cayado y todo: al demonio del muñeco no le faltaba más que hablar.
Preguntó, con este motivo, si había dos Congresos de diputados en Madrid, y que en dónde se pronunciaban aquellos discursos tan arregladitos y tan elocuentes que él acostumbraba a leer; y cuando supo algo de lo que pasaba en la redacción del Diario de Sesiones : -«¡Cáscaras!