¡aro!

¡aro!

interj. Amér. Merid. Se usa para interrumpir al que habla, canta o baila, al tiempo que se le ofrece una copa de licor.

¡aro!

 
(Chile) interj. con que se interrumpe a uno que habla, canta o baila, presentándole a la vez una copa de licor. Ús. como
m. con el verbo hacer.
Ejemplos ?
Y el Alférez Don Pedro Losano pidió solar para sí y para Francisco Losano, su padre; y para Don Francisco Losano, su hermano; y para Don Andrés Balareso; y para Don Agustín Balarezo, y para Doña Catalina Ortega; y para Doña Ysabel de Ortega; y para Don Andrés de Obregón; y para Don Joseph Gutiérrez de Aro; y parea Catalina de Escobar; y para Doña Josepha Suáres; y para Doña Clara Calderón.
La princesa dio grandes gritos al zambullirse en el agua y agitó las manos, adquiriendo la figura de un enorme cisne negro de ojos centelleantes; a la segunda zambullidura salió el cisne blanco, con sólo un aro negro en el cuello.
El pobre para vengarse, le tiró un piojo; la Princesa, que nunca había visto tan asquerosa sabandija, se lo llevó a palacio, lo metió en una redoma y lo crió con sopitas de leche, con lo que se puso tan gordo que no cabía en la redoma. Entonces la Princesa lo mandó matar, curtir su piel, y con esta que le hiciesen una pandereta y ponerla el aro de hinojo.
Y ya en todo el día no se apartaba de su ama, de la marquesa, en cuyas faldas fofas y muelles encontraba cobijo, cuyos brazos de alabastro la formaban como tibio y firme aro defensor, cuyos besos calentaban su hocico frío, sus ojos hermosos, destellantes de inteligencia...
La afirmación me parecía concluyente. Resaltaban las huellas de un aro de pinchos en torno de la cabeza virginal. Si Martirio me permitiese apartar con los dedos las ligeras ondulaciones de una cabellera negra y lujosa, sobrado pesada para lo frágil del cuello que sostenía la cabeza, de seguro vería yo continuarse el círculo todo alrededor.
Era el caso que entre los Príncipes había venido uno muy hermoso, del que se había prendado la hija del Rey, y estando esta en el balcón, le vio pasar y le gritó: ::El pellejo es de piojo, ::y el aro de hinojo.
–"¡Vaya la niña divina!" Dice el padre, y le da un beso: "Vaya mi pájaro preso A buscarme arena fina." –"Yo voy con mi niña hermosa", Le dijo la madre buena: "¡No te manches en la arena Los zapaticos de rosa!" Fueron las dos al jardín Por la calle del laurel: La madre cogió un clavel Y Pilar cogió un jazmín. Ella va de todo juego, Con aro, y balde, y paleta: El balde es color violeta: El aro es color de fuego.
Tenía un brillante plumaje, se balanceaba con gracia en el aro de metal que pendía de su jaula, pero lo que más llamaba la atención de la niña era que hablaba lo mismo que si fuese una persona.
Cuando le empezó a salir la pata de gallo, llevaba diez o doce años de mirar a una marquesita muy mona, muy lánguida, casada con un cacique terrible del partido liberal. La había conocido cuando ella, niña todavía, jugaba al aro, y a saltar la cuerda en el paseo principal.
No tocaba el fondo de la caja, sino que estaba sostenido por una especie de aro metálico fijo mediante siete soportes horizontales -curiosamente diseñados- a los ángulos interiores del estuche, cerca de su abertura.
Además nadie se atrevía a tratarlos con despego: primero, porque estaban de moda; segundo, porque habría sido mucha ingratitud hacer ascos a los que venían desde las márgenes del Cauca y del Apure a ayudarnos a romper el aro y participar de nuestros reveses y de nuestras glorias, y tercero, porque en la patria vieja nadie quería sentar plaza de patriota tibio.
e les ocurrió aquella noche a los moradores de la quinta de los Granados comer, o mejor se dijera cenar, al aire libre, instalados en la glorieta del jardín, alumbrada por un aro de bombillas eléctricas.