¡anda!

¡anda!

interj. coloquial Expresión usada para indicar sorpresa, admiración, incredulidad o desconfianza ¡anda ya! eso no te lo crees ni tú.

¡anda!

(anˈda)
interjección
1. expresa sorpresa o incredulidad ¡Anda!, que eso no te lo cree nadie.
2. expresión para dar ánimo o estímulo ¡Anda!, que todo se va a resolver.
Traducciones

¡anda!

well
Ejemplos ?
Bueno, no te apures. No anda gente mala en estas parroquias. -Anda más arriba de Proenza, cara a Boán -afirmaba temerosamente el anciano-.
-No, señó, pero es que a la Rafaelilla anda jaciéndole la ronsa, al mismo tiempo que él, Antoñico el Galafate, y como el Galafate tiée parneses, como usté sabe mu requetebién, y va siempre la mar de bien jateao, pos lo que pasa, a la muchacha la traen frita los suyos, aconsejándole que se deje de Cayetano y que le jaga cara al Antonio, al que mala puñalaica le den por el mal ange que tiene.
-Güeno, pos bien, sí - dijo, tras breves instantes de silencio, el enamorado de Rafaela - le regalé una tumbaga y un ramillete de flores. -¿Y qué fué lo que le regaló ese otro que, según dicen, anda arrullando en tu aguaero?
No tiene gallinas ni polluelos, sólo piensa en sí y cría herrumbre. El gallo del corral, ¡ése sí que es un gallo! Miradlo cuando anda, ¡qué garbo! Escuchadlo cuando canta, ¡deliciosa música!
Y bajó de nuevo al almacén. -¡Otra vez vos! -lo recibió el mayordomo-. Eso no anda bien... ¿No tomaste quinina- -Tomé... No me hallo con esta fiebre...
Y a pesar de to no se crea usté que yo estoy tranquila, que me parece a mí que mi Joseíto está una miajita cabreao y anda siempre cazándome y siempre que viene parece un juez: «¿Quién ha estao aquí?
-Pos que le coste a osté que es pa mí una gala dalle sombra a su mercé en mis cubriles. -Y la señá Pepa, ¿por aónde anda la probe?
-Y que no es sólo el Muleto el que anda ahora por estos andurriales -exclamó el dueño de la venta con acento lleno de ironía-; que no es ése sólo, que si antes teníamos un cangro en er partío, ahora tenemos dos cangros, poique, sigún parece, se ha corrío jacia acá dende la serranía e Ronda el Niño del Vizcaíno.
No anda sobre la tierra ni sobre las cabezas, que no presentan un punto de apoyo muy suave, pero sí camina y se reposa sobre las cosas más tiernas, porque es en los corazones y las almas de los dioses y de los hombres donde establece su morada.
- ¡A lo mejor caigo a través de toda la tierra! ¡Qué divertido sería salir donde vive esta gente que anda cabeza abajo! Los antipáticos, creo...
-¡Orales pues! Ya me calentaste. Le entramos al palo, pero vamos pronto; ya me anda... -¡Claro mi cielo! Acá a la vuelta está un hotelito.
(¡Ya verá el desgracido de Ramírez que siempre anda presumiendo de ser el más inteligente y sabihondo de los que trabajamos aquí, quién soy yo!