¡ajajá!

¡ajajá!

 
interj. fam.¡Ajá!
Ejemplos ?
Cenaron, bebieron, y sentándose luego al amor de lumbre, el leñador exclamó, apoyándose con fuerza en el respaldo de su silla: -¡Ajajá!
Vi'a cruzar pagos ajenos, Vi'a salir de la querencia, Pa probar si tuito es chacras Lo que rumbée campo ajuera. ¡Ajajá!... ¿Vido, aparcero?
Pensé... Es descolorío de lavarlo. ¡Ajajá! (Poniendo bien una silla que no está en su sitio.) ¡Jesús! Por donde pasa mi madre organiza un terremoto.(fijándose en la silla.) ¿Le parece a usté?
No, en esa silla no, que ésa no se la ofrezco yo más que a las personas que no quiero que vuelvan más por esta casa. -Pos que Dios te lo pague, hija mía... ¡Ajajá! Ahora sí que estoy la mar de bien...
D'un periquete voy a ve'l puchero y atrancar el postigo de la calle, pa dispués que me siente en tus roïllas, que no mus coja naide, icirte yo las cortas ocurrencias de mis cortos arcances. ¡Ajajá!
oye tú, que a mí no me gusta comer con los dátiles... dame tu navaja... ajajá... pos di tú Penitas, que has jecho hoy una obra de misericordia, como que me parece que no van a llegar las anchoas a su sitio, que se me van a quear enganchás en las telarañas der camino...
Fortuna que no parece la escritura de propiedad y que han sobrado testigos que declaren en mí favor, que si no, me lleva el indino medio prado entre las uñas... Pero, señor, ¿dónde se ha escondido esa carta?... ¡Ajajá! Vela aquí, y con su canto sobredorado.
¡Vamos, mujer, apéate!, y amarra ésa más lejos, que no estén las dos bestias juntas. ¡Ajajá! (Entrando primer término derecha.) Gracias a Dios que hemos llegado.
-Pos lo primero que necesito -exclamó Currita soltando su «establecimiento» contra una de las cuarterolas, y sentándose gallardamente frente al Penitas- es un par de chatos, del barril de los amigos..., pero eso vivo, Paco, y pa darle convoy a esos dos chatos, tráeme unas anchoas; pero, hijo, que no sean de las que tú has dejáo en cueros vivos..., várgame un divé, pos di tú que jaces más estrago en la fuente que un tordo en un olivar... ajajá...
¡Estire más esta prima, que está baja... ¡Y ahora esta bordona!... ¡Ajajá!... -Los huesos del negro crujieron. El oficial, después de haber amenazado al cabo por haber templado tan mal aquella guitarra, volvió hacia nosotros satisfecho y como invitándonos a celebrar su delicada espiritualidad.
Anda guasón, jéchame otro chato, que al Penitas no se le engurruñe na por tan poquilla cosa... Ajajá Dios no te recoja sin confesión, Paquiro...