¡Déjeme en paz!

Traducciones
¡Déjeme en paz!   
Ejemplos ?
Mas en cuanto le vio otra palabra llamada Música, se echó sobre ella y empezó a mesarla los cabellos y a darla coces, cantando así: -Miren la bellaca, la sandía, la loca; ¿pues no quiere llevarme encadenada -con una Preposición, diciendo que yo tengo Filosofía? Yo no tengo sino Música, hermana. Déjeme en paz y púdrase de vieja en compañía de la Alemana, que es obra vieja loca.
¿Y a usted qué le importa? exclamó Carlos. ¡Déjeme en paz!, ¡usted no la quería! ¡Márchese! El eclesiástico lo tomó por el brazo para hacerle dar un paseo por la huerta.
Su ilustrísima, que había amanecido malhumorado o a quien no fue simpático el prójimo, le contestó con tono agrio: -No se le puede recomendar: váyase y déjeme en paz.
¡Ven a la comisaría! -Déme mi dinero, haga el favor -dije yo, muy asustado-, y déjeme en paz. -Ven a la comisaría, y allí demostrarás que es tuya.
Sería para él un segundo padre, y todo consistiría en vivir juntos en un paraíso de rosas, ¿no es así? ¡Vamos, vamos, déjeme en paz!
Entre tanto, se va uno de puerta en puerta por esos pueblos y ciudades de Dios, donde se gana el pan de cada día con el sudor de la frente, pidiendo pareceres acerca de la marcha de a cosa pública, y he aquí lo que se oye: En tiempo de los moderados: «Hombre, esto es insoportable; esa gente necesita las minas del Potosí; no gana uno para ellos. Déme usted Gobierno barato, aunque sea turco, y déjeme en paz».
-Copperfield --dijo, por fin, con voz ahogada-, ¿se ha vuelto usted loco? -¡Déjeme en paz! -dije arrancando mi mano de la suya- Déjeme en paz, perro; no le conozco.
-Ilustrísimo señor, soy aspirante a órdenes y venía a saber si... -¡Bien, bien! Preséntese usted al sínodo, y déjeme en paz. Y el obispo volvió la espalda y prosiguió en su interrumpida faena.
-Déjeme en paz el abuelo, que está ñoño, y por hoy no me siento de humor para escuchar chocheces -contestó con arrogancia el de Sotomayor, haciendo ademán de voltear la espalda.
— y a punto estaba de dar el portazo, cuando la voz sugerente del caballero la detuvo: —Permítame un momento y le demostraré lo interesante que es esto. —¡No me importa! Ya le dije. Déjeme en paz. ¡Lárguese!
¡Enamórese hasta el cuello de algún Neptuno y tírese de cabeza al remolino para poder dejarnos al «Herr» profesor y a todos nosotros con la boca abierta! ELENA ANDREEVNA. -(Con ira.) ¡Déjeme en paz!... ¡Resulta cruel!
Tengo que huir... huir con rapidez...) —Perdone... ¿Usted es... —¡No! ¡Se equivocó! Déjeme en paz. —¡Qué humor! Pero no cabe duda... ¡Es él!