¡Con mucho gusto!

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¡Con mucho gusto!   
Ejemplos ?
Y cuenta la historia que entonces vieron a alguna gente que andaba en canoas pescando y realizando sus actividades con mucho gusto.
El tenía por cierto que el alma del anciano estaba ya a flor de labios y que sin gran violencia se separaría del cuerpo. Con mucho gusto siento, querido Lucilio, estas cosas, no por nuevas, sino porque me ponen delante de un hecho presente.
Los mexicanos recibimos con mucho gusto al presidente Clinton porque es un buen amigo de México: un amigo que respeta a México como nación soberana; un amigo que aprecia la grandeza de nuestro pasado histórico y el potencial de nuestro desarrollo futuro.
Los propietarios acudieron ai cuartel de Barbones reclamando la devolución, y Lerzundi, recibiéndolos muy cor- tésmente, les contestaba: —Con mucho gusto, señor mío, devolveré á usted el ca- ballo que reclama, si me comprueba que es propiedad suya y no del Estado.
El mismo orador: - No sé si quieran hacer uso de la palabra; ahorita se apuntan, ahorita se apunta el compañero que dijo farsante, con mucho gusto debatimos.
El C. Pedro José Peñaloza: - Con mucho gusto lo debatimos pero no puedo debatir así yo. Entonces todos los que gritan se apuntas y lo debatimos con mucho gusto.
Pedro José Peñaloza: - Yo le agradecería al señor diputado que me permitiera únicamente terminar estos puntos que tengo, y con mucho gusto escucharía la interpelación.
(Aplausos) Si me lo permiten, a continuación voy a proceder a entregar para su difusión, entrega a cada diputado, a cada diputada, y luego su difusión a todo el país la Exposición de Motivos y la propuesta que he presentado con mucho gusto y con mucho respeto ante ustedes.
─ Pues iré por allí ─dijo Pierre─, pero con una condición: que me dé usted una estola y el bastón de la cruz. ─ Si es solo eso, yo os lo entregaré con mucho gusto ─exclamó el cura.
¡Vamos, cálmate! ¿Gusta usted pasar, caballero? –Con mucho gusto, señora. Y entró Augusto. Llevólo la señora a la sala, y diciéndole: «Aguarde un poco, que voy a dejar a mi Pichín», le dejó solo.
–¿Hará el favor, señora Margarita, de hacer llegar esta carta a las propias blancas manos de la señorita Eugenia? –Con mucho gusto.
Es cierto, Sócrates, dijo Cebes. ¿Quieres, pues, prosiguió Sócrates, que admitamos dos clases de cosas? Con mucho gusto, dijo Cebes.