¡Buena suerte!

Traducciones

¡Buena suerte!

buona fortuna!
Ejemplos ?
Miré el reverso, y descubrí las palabras: "Eugenia Lalande, a la edad de veintisiete años y siete meses." Encontré a Talbot en su domicilio, y rápidamente lo puse al tanto de mi buena suerte.
Puede ganar más allá el tiempo perdido. Sé que podemos confiar en su calma, y por eso se lo advierto. Buena suerte, y en seguida de llegar informe del movimiento.
Hice la reflexión que mis gentes de negocios esperaban. Me volví para aprovechar mi buena suerte. El coche, en efecto, acababa de arrojar en el umbral del edificio a unos colegiales juerguistas que necesitaban ver a la muerte para creer en ella.
Y tres picaros, por sólo haber tenido la buena suerte de ser bautizados con el nombre del apóstol de las llaves, salieron a respirar la fresca brisa de la calle, gracias a que su señoría tuvo en poco el rigor de la justicia, y en mucho sus anhelos de galanteador.
Des- pués de las ocho de la noche, salvo cuando graves atenciones de gobierno se lo impedían, hasta sonadas las doce, tribu- taba culto á Birján, el dios de la baraja. Sobre jugar bien, diz que lo acompañaba buena suerte.
¡Al diablo con su Abernethy! — ¡Está bien! al diablo con él, y buena suerte. Pero he aquí el hecho. Una vez, cierto ricacho muy avaro concibió la idea de obtener gratis de ese Abernethy una opinión médica.
Y don Burro, que vuela para sabio, boquiabierto se le cae su labio: -Yo opino que no vale ni un pepino quien nada hace y critica a su vecino. Don Burro no es tan burro Yo muy bien discurro que no soy tan burro; tengo buena suerte y el lomo muy fuerte.
Por el contrario, cuando resultaba el mariscal favorecido, lo que era frecuente, con un centenar de fichas, decía al com- pañero, pasándole la mitad de ellas: — ¡Ehl mi amigo... me ha traído usted buena suerte...
Por buena suerte para los satisfechos, en México hay justicia, que envía amarrados a los niños hambrientos de la capital al presidio del Pacífico, para gastar sin remordimientos algunos millones en divertirse.
Y ya los roncos alanos A sus espaldas sentia Cada punto mas cercanos, Y un montero en cuyas manos Tarde ó temprano daria; Cuando por su buena suerte Los vió el hidalgo bajar; Y el son de su trompa fuerte Paró la turba, y la muerte Dejó su presa escapar.
─ Toma este gran bastón con el que Barba Azul me apaleó ─dijo la tercera─ y apóyate sobre él cuando emprendas ese largo viaje. Y luego añadieron las tres: ─ Date mucha prisa, porque Barba Azul te matará cuando regrese. ¡Buena suerte, Catherine! ¡Adiós!
Todas estas pláticas estaba escuchando Loaysa con grandísimo contento, pareciéndole que todas se encaminaban a la consecución de su gusto, y que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas a la medida de su voluntad.