¡Buen apetito!

Traducciones

¡Buen apetito!

buon appetito!
Ejemplos ?
Amado, que simpatizaba cada vez más con Ignoto, no paró hasta que le hizo comer de los exquisitos manjares y catar los vinos y helados que sus pajes traían, a lo cual se prestó el leñador con muy buen apetito, asegurando que pocas veces gustara tan delicadas golosinas.
Aunque con buen apetito, mustios ambos y en silencio se mostraban, cuando el huésped les habló así con respeto: «¿Es verdad, benditos padres, que el condestable está preso?...
El campesino venía hambriento y comía con buen apetito, pero Nicolás no hacía sino pensar en aquel suculento asado, el pescado y el pastel escondidos en el horno.
La Bella, que ya apenas le tenía miedo, comió con buen apetito; pero creyó morirse de pavor cuando el monstruo le dijo: -Bella, ¿querrías ser mi esposa?
Almorzó con muy buen apetito, y luego, mientras que la Condesa viuda dormía después del almuerzo, como tenía de costumbre, se fue a la biblioteca con su hermano Enrique, le contó su encuentro con el pájaro zancudo, le enseñó la tela de seda y le rogó que tradujese lo que en ella había escrito.
Ocupaba el cura la cabecera de la mesa; en el centro, su sobrino, guapo mozo de veintidós años, despachaba con buen apetito la ración; y al extremo, el criado de labranza, arremangada hasta el codo la burda camisa de estopa, hundía la cuchara de palo en un enorme tazón de caldo humeante y lo trasegaba silenciosamente al estómago.
Anegada ya la presa la dejan cuatro o cinco días intacta, pues no sabrían morderla por no estar medio podrida; pero llegando a tal putrefacción, se la comen con buen apetito y favor.
En seguida se sentaron en las piedras colocadas como estrado a entrambos lados de la puerta, y la madre se atareó a servir a los más chicos sin dejar de abrazar y arrullar al recién nacido; todos alegres, todos sanos y robustos, compitiendo en buen apetito...
La comida continuaba con buen apetito y alegría por parte de todos menos por parte del señor cura de Tomillarejo, que, por más que lo disimulaba, no podía digerir el entripado que debía al alcalde.
-Seguramente no -replicó mi tía- Para los comerciantes de Londres sería un disgusto vender algo bajo su verdadero nombre. No traté de contradecir aquella opinión, pero comí con buen apetito, lo que le satisfacía plenamente.
Poco después llegaba un relijioso franciscano, el que se retiró cuando hubo conferenciado un rato con el reo para efectuar más tarde su confesión. Comió Ñancúpel con mui buen apetito i se bebió más de un vaso de vino.
Mientras comía con buen apetito, pues no hay nada mejor para ello que el aire puro de las montañas, observaba a mis anifitriones.