¡Ave María!

¡Ave María!

 
Expresión con que se denota asombro o extrañeza.
Saludo que se empleaba al llamar o entrar en una casa.
Ejemplos ?
-Es que el velo no le va bien a nadie, porque, sin cubrir una cabellera fea, oscurece una bonita, y exige un chal que oculta las formas... -¡Qué enterado está usté de esas cosas, Ave María!
Entre las ruinas se conserva todavía un cañón fundido en el Perú, en el que se lee la inscripción siguiente: ::Quien a mi rey ofendiere ::a veinte cuadras me espere ::1741 ::Ave María.
En el apartado llamado Comienza el Ave María hace lo mismo pero con la plegaria del Ave Maria, también la va comentando verso por verso.
Predicaba en la iglesia de Santa María de Gracia y decía en el exordio: -Pedir gracia en casa de María de Gracia es albarda sobre albarda. De ella necesito. Ave María.
Eso es muy trabajoso conseguir: tan solamente el obispo se lu'impresta a los curitas jormales. -¡Amalaya que mamá se lo mandara a prestar!... -exclamé entusiasmado. -¡Ave María, muchacho! ¿Y qué vas hacer con cinto? -¡Eh!
¡De pantalones! ¡Huy! ¡Qué desfachatez! ¡Ave María Purísima! Sin pecado concebido. ¡Y mira aquéllos! El hombre la lleva del brazo.
El primer coloquio a nuestra Señora, para que me alcance gracia de su Hijo y Señor para tres cosas: la primera, para que sienta interno conoscimiento de mis peccados y aborrescimiento dellos; la 2ª, para que sienta el dessorden de mis operaciones, para que, aboresciendo, me enmiende y me ordene; la 3ª, pedir conoscimiento del mundo, para que, aboresciendo, aparte de mí las cosas mundanas y vanas; y con esto un Ave María.
-Mamá, respondía desde lejos una voz límpida y plateada. Los tristes sones del Ave María se desprendían en ese instante de las torres de la ciudad, y la ciudad enmudecía.
Mire usted, señor, somos unos pobres; pero si al mi Andrés le atendieran algo por el camino... No es esto decir que yo desconfíe de usted, ¡ave María Purísima!
Aún no se había extinguido el eco de las campanadas, cuando volteó el torno y asomó por el hueco del aspa la faz pacífica de una monja. -¡Ave María!
Lo que necesitamos los pobres es hacernos justicia con nuestras propias manos. ¡Rebelémonos! (Todos, excepto Marcos y Rosa.) (Santiguándose.) ¡Ave María Purísima! MARCOS (Indignado.) ¿Tenéis miedo?
¿Qué se ofrece? El fraile responde con breve imperio: —¡Abre! —¡Ave María!... ¡Cuánta priesa! Y siguió oyéndose la voz refunfuñona del ama, mientras descorría el cerrojo.