ídolo-

ídolo-

 
Prefijo procedente del gr. eídolon, imagen.
Ejemplos ?
¡Ay, yo sabía que los ojos aterciopelados y tristes que se habían abierto para mí como dos florecillas franciscanas en una luz de amanecer, serían los últimos que me mirasen con amor! Ya sólo me estaba bien enfrente de las mujeres la actitud de un ídolo roto, indiferente y frío.
Y pródigo con los pobres, Con sus amigos leal, (57) Piadoso sin finjimiento, Modelo en la sobriedad, Afable en el corregir, Cariñoso en el tratar, El primero en el egemplo Y en virtud el principal, Era el ídolo de Alcántara, Dó el rey no podia enviar Ley que no se consultara Con su recta voluntad.
– Sí, pero ¿y mañana...? ¿Sabe?, apostaría a que ha venido a Ille para ver el ídolo. Lo adiviné al verle dibujar los santos de Serrabona.
---- Puede haber agua sin peces y pueblos sin tiranos, pero no puede haber peces sin agua ni tiranos sin pueblos. ---- Cread un ídolo y os pondréis un yugo.
– ¿El ídolo?, ¿qué ídolo? –esta palabra había despertado mi curiosidad. – ¿Pero cómo? ¿Es que no le han contado en Perpiñán que el señor de Peyrehorade ha encontrado un ídolo enterrado?
Castígame por falsa, (Llora.) mátame, si es tu gusto... Aquí me tienes para el golpe mortal arrodillada. MARSILLA. Ídolo mío, no; yo sí que debo poner mis labios en tus huellas. Alza.
– Una mujer grande, negra, medio desnuda, con perdón, señor, toda de bronce, y el señor de Peyrehorade nos dijo que era un ídolo de la época de los paganos ¡del tiempo de Carlomagno, vaya!
– Una Virgen, sí, sí, ya la hubiera reconocido yo, si hubiera sido una Virgen. Es un ídolo, le digo: se ve en su aspecto. Fija en uno sus grandes ojos blancos...
Es más bonita y está mejor acabada que el busto de yeso pintado de Luis Felipe que hay en el Ayuntamiento. Pero con todo, la cara de este ídolo sigue sin gustarme.
¡Pobrecillo!, yo al ver aquello, me puse furioso. Quería aplastar el ídolo a golpe de pala, pero el señor de Peyrehorade me detuvo.
Pero, si se trata de su estatua, la descripción que me ha hecho mi guía ha excitado mi curiosidad y predispuesto mi admiración. – ¡Ah!, le ha hablado del ídolo, porque es así como llaman a mi Venus Tur...
Hoy, ¡ni una palabra sobre la Venus! – Haces bien Peyrehorade en dejar ya el tema de tu ídolo –dijo su mujer–. Deberías darte cuenta de que no dejas comer a este señor.