Ejemplos ?
Aquella misteriosa y no pedida declaración sincera y espontánea de un generoso amor, que por él vela y que con el de su ángel se compara, hizo en su corazón, con el recóndito y hondo poder de voluntad simpática, fermentar ese amor único y ciego que en la vida una vez nos avasalla; ese amor solitario, irresistible, voraz, que nace al parecer sin causa, que ahoga todo amor, todo recuerdo del corazón en cuyo centro arraiga: ese amor cuyo germen atesora toda alma ardiente para amar creada, y que brota violento, repentino al contacto magnético de otra alma, cuyo amor corresponde con el suyo, porque nace con ella apareada; y una a otra sus átomos fecundos se envían sin cesar como las palmas.
la verdad que tengo en esa planta nuclear, de 745 megavatios, un recuerdo muy especial, que lo tengo en una mesita, porque ustedes saben que en toda planta nuclear cuando se cierra el reactor, donde es produce la fusión, cómo es, la fusión de los átomos, fusión, fisión, me dice la oposición.
Bueno será lo de los átomos, lo que descubrieron.... Bueno, yo soy abogada pero me las ingenió para hacer estás cosas igual, que la hagan los que saben, pero el tema muy caro para mí, está que tengo....
Se le había rodeado de un ambiente tan artísticamente refinado y quintaesenciado, que no concebía respirar otro; y el aire exterior era bravo y duro, ya glacial, ya sofocante, y traía entre sus oleadas partículas de polvo, átomos de todas las pestilencias y vaho de sudor exhalado en todos los trabajos recios y viles.
Terminado este brevísimo diálogo, los dos jóvenes se internaron por una de las estrechas calles que desembocan en el Zocodover, desapareciendo en la oscuridad como esos fantasmas de la noche que, después de aterrar un instante al que los ve, se deshacen en átomos de niebla y se confunden en el seno de las sombras.
No me queda duda de que si algun capitán de granaderos leyere esta obra, haga á su tropa que se ponga gorras dos piés mas altas; pero le advierto que, por mas que haga, siempre serán él y sus soldados unos infinitamente pequeños. ¡Qué maravillosa maña hubo de necesitar nuestro filósofo de Sirio para atinar á columbrar los átomos de que acabo de hablar!
Muy mejor observador Micromegas que su enano, vió claramente que se hablaban los átomos, y se lo hizo notar á su compañero, el qual con la vergüenza de haberse engañado acerca del artículo de la generacion, no quiso creer que semejante especie de bichos se pudieran comunicar ideas.
Quejas ahogadas, silabeo de oraciones en voz baja, grave salmodia de responsos, abrasadores lágrimas de arrepentimiento, sofocados suspiros flotaban en el ambiente como seres incorpóreos, como moléculas del incienso evaporado en el aire, como átomos de mirra quemada ante el ara; dijérase que las almas de cuantos allí imploraron del Cielo paz o perdón se habían quedado cautivas en el círculo de los altos muros de la capilla.
Tenia el don de lenguas no ménos que el Sirio; y no oyendo hablar á nuestros átomos, suponia que no hablaban: y luego ¿cómo habian de tener los órganos de la voz unos entes tan imperceptibles, ni qué se habian de decir?
Spinoza, se lo ha enseñado, las lecturas científicas, le han mostrado el universo como una eterna reunión de átomos, regida, desde los millones de soles que arden en el fondo del infinito hasta el centro misterioso de la conciencia humana, por leyes oscuras e inconmovibles, que no revelan una voluntad suprema tendiente al bien...
295 Como los niños o los ignorantes, veyendo los átomos ir por la lumbre, tienden las manos por su muchedumbre, mas fúyenles ellos, su tacto negantes, por modos atales, o por semejantes, la mi guiadora fuyó de mis manos; fuyeron las ruedas e cuerpos humanos, e fueron las causas a mí latitantes.
Bien se discurre que se morian el enano y el Sirio de deseos de entablar conversacion con los átomos; mas se temia el enano que su tenante voz, y mas aun la de Micromegas, atronara á los aradores sin que la oyesen.