Ejemplos ?
Para purgar el mundo de esta peste no requirió el paladín cadena: le presta el árbol mismo la maroma que para atarlos por las barbas toma.
Después fue tiroteado con cerbatanas por Supremo Maestro Mago, quien le plantó la bala de la cerbatana en la mandíbula; gritó a voz en cuello al caer del árbol al suelo.
He aquí que Sabio Pez-Tierra se bañaba al borde del agua cuando acertaron a pasar cuatrocientos jóvenes, arrastrando un árbol para pilar de su casa; cuatrocientos jóvenes iban caminando, después de haber cortado un gran árbol para viga maestra de su casa.
No habrán brotado todavía las violetas, pero frente al antiguo y bello palacio de Rosenborg lucirá un árbol sus primeras yemas verdeantes; se quedarán allí.
Todos los años da aquel árbol nuevas ramas verdes, cosa que no hace el corazón encerrado en el pecho humano, por el cual pasan nubes negras, más negras que las que conoce el Norte.
“He ahí a ese joven. ¿Cómo haremos para matarlo, pues no está bien que haga eso, que él solo levante ese árbol? Cavaremos un gran hoyo, después lo incitaremos a descender en el hoyo.
Poco a poco fue apoderándose de él el vértigo de la pelea, y una nunca por él sentida ansia belicosa, fue apoderándose de su espíritu, y haciéndole olvidar toda prudencia, todo instinto de conservación, y ya embriagado por el olor de la pólvora y por el vibrante detonar de las carabinas y tercerolas, saliendo del lugar que le amparaba la sombra del árbol, quedaron él y su Careto bañados en la luz de plata de la luna.
Escuchadla, y vosotros juzgaréis si puedo o no puedo tocar la corneta.... Y sentándose bajo un árbol rodeado de unos curiosos y afables adolescentes, contó la historia de sus lecciones de música.
A todo esto, a fuerza de ruegos, y como pago de haber dicho que no serían ahorcados y que llevarían una vejez muy tranquila, había yo conseguido que por las tardes me sacasen de la cueva y me atasen a un árbol, pues en mi encierro me ahogaba de calor.
No de otro modo, _Mazzepa_, el héroe de Byron, contó una noche a Carlos XII, debajo de otro árbol, la terrible historia de sus lecciones de equitación.
Una carcajada de burla contestó a las quejas del pobre padre. Yo temblaba de horror en el árbol a que estaba atado; porque los gitanos también tenemos familia.
Encima de su cabeza, los pájaros del bosque cantaban alegremente; las ardillas, castigando el aire con el esplendor de sus colas, chillaban y corrían de árbol en árbol, ignorando al niño lastimero; y en alguna parte, muy lejos, gruñía un trueno, extraño y sordo, como si las perdices redoblaran para celebrar la victoria de la naturaleza sobre el hijo de aquellos que, desde tiempos inmemoriales, la han reducido a la esclavitud.