ánade

ánade

(Del lat. anas, anatis.)
1. s. m. o f. ZOOLOGÍA Pato, ave los ánades surcaban el cielo.
2. ZOOLOGÍA Ave que presenta características semejantes a las del pato.

ánade

 
m. zool. Pato, o ave que tiene los mismos caracteres genéricos que el pato.
Traducciones

ánade

canard

ánade

duck

ánade

anatra

ánade

SMduck
ánade frisogadwall
ánade rabudopintail
ánade realmallard
ánade silbónwigeon
Ejemplos ?
El gallo se sentó en el pescante para dirigir el carro, que lanzó a la carrera gritando: -¡Al galope!, ánade, ¡al galope! Cuando habían andado ya un gran trecho del camino encontraron dos viajeros que iban a pie; eran un alfiler y una aguja que les gritaron: -¡Alto!, ¡alto!
Pasó por delante del estanque donde había hecho amistad con los patos; la ánade vieja, a que había dejado sus hijuelos, estaba de pie a la orilla, arreglándose las plumas con el pico.
-Y la contó su situación. -¿No es más que eso? dijo el ánade, nosotros podemos ayudarte. La corona se halla precisamente en el fondo de este estanque.
na ánade llegó de un rincón de Portugal, según algunos historiadores, y del mediodía de España, según otros; pero esto importa muy poco; lo que conviene saber es que la llamaban la Portuguesa; puso huevos y después la mataron y la metieron en el asador; tal fue el curso de su existencia.
-Tú estás equivocada, la contestó el gallo, mejor quiero volver a pie que engancharme como una yegua; no, eso no entra en nuestro convenio; en un caso haré de cochero y me sentaré en el pescante; pero arrastrar un coche, ¡ca!, eso no lo haré yo nunca. Mientras disputaban de esta manera comenzó a gritar un ánade: -¡Ah!
Pero una ánade vieja, que estaba oculta entre las cañas, corrió hacia él con el pico abierto, y le suplicó llorando que dejase a sus hijuelos.
Al cabo de algunos años, no quedó de toda la raza más que una ánade; habitaba un corral en el que moraban también gallinas y un gallo que se paseaba con jactancia.
Y se precipitó con el pico abierto sobre el gallo, pero este volviendo las tornas sacudió bien al ánade, le puso el cuerpo como nuevo a picotazos, de modo que se dio por vencida y se dejó enganchar en el carruaje en castigo de su temeridad.
«Me atolondra con sus agudos gritos, -se dijo un día el ánade-, pero me agrada por sus hermosas plumas; aunque no sea de la familia de los patos, no puedo menos de confesar que es muy buen mozo.
También a mí las Musas me hicieron poeta, también yo compongo versos, también a mi me llaman poeta los pastores, pero yo no los creo, porque hasta ahora no me reconozco digno de celebrar a Varo y Cina; antes soy ánade que grazna entre canoros cisnes.
Por la noche, ya muy tarde, llegaron a una posada, y como no querían exponerse pasándola en el camino, y el ánade estaba muy cansada decidieron entrar.
«Esto es lo que se llama socorrer al prójimo, -dijo el ánade-; ¡imítenme los demás!» «¡Pío, pío!» -dijo el pajarillo, cuando recobró el sentido y pudo sacudir el agua que cubría su alita rota.