álamo

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álamo

1. s. m. BOTÁNICA Árbol de considerable altura y crecimiento rápido, de hojas anchas y flores colgantes, propio de regiones húmedas y templadas.
2. CARPINTERÍA Madera de cualquiera de las especies de este árbol.
3. álamo balsámico BOTÁNICA Árbol de copa alargada o redondeada, ramas angulosas y corteza rojiza, que secreta una sustancia olorosa.
4. álamo blanco BOTÁNICA Álamo que tiene la corteza gris y hojas blanquecinas por el envés, más o menos triangulares.
5. álamo negro BOTÁNICA Álamo de lento desarrollo, corteza muy rugosa, hojas verdes por sus dos caras y ramas muy separadas del eje del tronco.
6. álamo temblón o alpino o líbico BOTÁNICA Álamo de corteza lisa y hojas blanquecinas que, por estar pendientes de pecíolos largos, se mueven con facilidad al impulso del viento.
NOTA: Nombre científico: (Populus tremula.)

álamo

 
m. bot. Nombre común de las especies de la familia salicáceas (gén. Populus), propio de lugares húmedos, tronco alto y bien poblado de ramas, hojas anchas provistas de un largo pecíolo comprimido lateralmente.
Madera de cualquier especie de álamo.

álamo

('alamo)
sustantivo masculino
árbol de tronco erecto de corteza gris de hasta 30 metros de altura La madera del álamo es poco resistente.
Sinónimos

álamo:

chopo
Traducciones

álamo

poplar

álamo

Pappel

álamo

peuplier

álamo

pioppo

álamo

حُور

álamo

topol

álamo

poppel

álamo

poppeli

álamo

jablan

álamo

ポプラ

álamo

포플러

álamo

populier

álamo

poppel

álamo

topola

álamo

choupo

álamo

poppel

álamo

ต้นพ็อปล่าร์

álamo

kavak

álamo

cây bạch dương

álamo

白杨, 杨树

álamo

Топола

álamo

楊樹

álamo

SMpoplar
álamo blancowhite poplar
álamo de ItaliaLombardy poplar
álamo negroblack poplar
álamo temblónaspen
Ejemplos ?
Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?
—Porque esa trocha —prosiguió el montero— conduce a la fuente de los Álamos: la fuente de los Álamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal.
Y pasarás cual pasaron Los álamos que prestaron Su gala y su sombra al valle; Pasarás, y en el olvido Tu nombre una vez hundido Fuerza será el olvidalle.
Ojalá nunca te viera, Y nunca eschura te hiciera Mis amorosas querellas Que tan bella… eras muger, Y voluble en el querer Como sois todas las bellas. Mas los álamos cayeron Cuando las aguas vinieron Mas crecidas.
Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles; y las sombrías calles de álamos, cuyas copas se tocaban y se confundían entre sí, se habían cubierto de césped; los cardos silvestres y las ortigas brotaban en medio de los enarenados caminos, y en los trozos de fábrica, próxima a desplomarse, el jaramago, flotando al viento como el penacho de una cimera, y las campanillas blancas y azules, balanceándose como en un columpio sobre sus largos y flexibles tallos, pregonaban la victoria de la destrucción y la ruina.
Sorbe, al que cruzan 2 puentes uno de piedra y otro de madera, no se aprovechan sus aguas para el riego: hay un monte poblado de encina y brezo, un plantio de álamos, un pequeño prado para el ganado de labor, y varios de propiedad particular: en los que se dan yerbas de dalla.
-dijo, y se precipitó en su busca, separando con las manos las redes de piedra que se extendían como un tapiz de unos en otros álamos.
Los álamos, cuyas plateadas hojas movía el aire con un rumor dulcísimo, los sauces que inclinados sobre la limpia corriente humedecían en ella las puntas de sus desmayadas ramas, y los apretados carrascales por cuyos troncos subían y se enredaban las madreselvas y las campanillas azules, formaban un espeso muro de follaje alrededor del remanso del río.
Yo vi que hurtados a un muro a que pudieran asirse, le repartieron abrazos a un árbol unos jazmines. Tú verás que a mis deseos solicitan persuadirte yedra que dos olmos trepa, vid que dos álamos ciñe.
Me ocupaba, al parecer, en copiar una fuente muy pintoresca, a la que daban sombra algunos álamos; pero, en realidad, lo que hacía era tomar el sol con este pretexto, pues en más de tres horas que estuve allí, embobado con el ruidito del agua y de las hojas de los árboles, apenas si tracé cuatro rayas en el papel del dibujo.
Tú elevas de entre las flores perfumadas auras suaves, tú das trinos a las aves que despiertan con tu albor: tú traes, de las sueltas ráfagas en las alas invisibles, los ruidos incomprensibles del eco murmurador. Tú traes en tu luz templada que los álamos platea, la palidez que hermosea la beldad de la mujer.
Y me enviaba la piadosa tristeza de sus ojos sentada al borde de la ventana desde donde se atalayaba un camino entre álamos secos, y un fondo de montes sombríos, manchados de nieve.